16 de noviembre de 2012

Capítulo 3.


"Te amo como las cosas oscuras son amadas, en secreto, entre la sombra y el alma."

--Pablo Neruda.


Trey.

Cuando cierro mi casillero me volteo para ver, quien es la chica que está a mi lado.
Y para mi sorpresa es Lizzie…

Me ve con ojos sorprendidos, como si no me esperase,  pero yo solo le doy una gran sonrisa. Tal vez ella me pueda ubicar en el colegio.

—Parece que somos compañeros de casillero ¿No? —le digo, alegre. Se ve muy linda con esa blusa larga rosada… resalta sus ojos, aunque se ve un poco ajada, pero nada del otro mundo.

Ella solo asiente, lo que hace que me sienta como un matón.

— ¿Ese es tu horario? —digo, apuntando a lo que tiene en su mano.

—Sí…

— ¿Puedo verlo? —Y sin dejar que me responda, lo tomo. 

Sé que es un poco atrevido pero tenía que hacerlo.

Tiene matemáticas en la mañana, igual que yo y… ¡Bien! Tenemos 3 clases en total juntos.

—Estamos juntos en… Matemáticas —gruñó por que las odio— español, y ciencias

— ¿No te gustan las matemáticas? 

—No lo creo, Lizzie. Se me dan muy mal…

— ¿En serio? Pero, si son fáciles.

La veo sorprendido ¿Fáciles? Son el infierno en vivo y a todo color.

—Pues… Serás suertuda, porque me cuesta muchísimo.

— ¿Ah sí? A mí me cuesta el español. —me dice, tímidamente. Es tan vulnerable que me dan ganas de llevármela de ahí y protegerla de cualquiera.

—Mmm… A mí no, supongo que es por qué leo mucho —me encojo de hombros. —Las ventajas de la buena ortografía.

Ella ríe un poco.

— ¿Me acompañarías a la clase de mate? No creo ubicarme bien con esta porquería de mapa —le digo, mientras tiró el mapa a la basura.

—No creo que sea buena idea… —me ve cautelosa.

—¿Por qué no? 

—Porque… yo… —baja la mirada. Esto no se queda así.

—Venga, no te voy a hacer daño, Lizzie. Pareciera que me tienes miedo, prometo que no tengo antecedentes en *Alcatraz —le sonrío. Ella sube la cabeza bruscamente, y se queda callada… Creo que se enojó.

Pero antes de que me lo confirmara, se ríe a carcajadas, y oírla me hace reír igual.

—Vale, te acompaño 

Coge sus libros y yo hago lo mismo.

Pasamos unos minutos en silencio, un silencio tenso, por lo que no me gusta. Siento las miradas en nosotros y veo como Lizzie se hunde en sus libros.

— ¿Por qué nos ven todos?
—Yo… no lo sé.

—Creo que es porque soy nuevo ¿No lo crees?

—No, no creo.

— ¡Claro! Entonces es porque están celosos.

— ¿Celosos? —me mira sorprendida. No capta lo que voy a decirle.

—Sí, ya sabes, como estoy contigo —le dedicó una sonrisa pícara.

Se sonroja muchísimo y quiero reírme a carcajadas, pero me retengo.

—Eso está totalmente descartado

Doblamos en una esquina y localicé una clase, mientras el timbre sonaba.

 —No lo creo, Lizzie. Te subestimas a ti misma 

—Está es la clase —dijo, evadiendo el tema. No entiendo porque no se cree que sea linda, cuando lo es… ¿Cosas de chicas?

Me da una pequeña palmada en la espalda, indicándome que entre al aula.

No me sorprende ver que es la típica clase, todos los pupitres acomodados en filas verticales, viendo hacia la pizarra —que está llena de fórmulas, las cuales parecen estar en chino—Y paredes de un color deprimente, en este caso, gris. Lo único curioso que logro notar, es que tienen millones de banderines con los colores de la escuela: turquesa y morado… No me gusta del todo la combinación, pero ya que.

Lizzie le habla un momento a la profesora, y ella asiente con la cabeza.

Es regordeta, y tiene unos dientes muy pequeños pero podría decir que es mona, un poco.

Me hace un ademán con la mano para que vaya y así lo hago.

—Hola, me acaban de decir que eres nuevo ¿No? —me pregunta, dulcemente.

—Sí, es mi primer día, señorita.

—Eso veo, déjame presentarte. ¿Tú nombre?

—Trey Petryfork —Se quedó sorprendida por mi apellido, como todos lo hacen. Mi padre era alemán o algo así.

— ¡Clase! —Todos dejaron de hacer lo que hacía para ver a la profesora— Les quiero presentar al alumno nuevo de este año. Trey Petry… Petry… Petry algo. 

La profesora me dirigió una sonrisa de disculpa y yo se la devolví.

—Soy Trey Petryfork —Todo mundo rió, así que yo hice lo mismo—Por lo menos es original ¿No? 

Todos se quedaron callados y me observaron, divertidos.

Así es como se empieza un día, relajado.

—Toma el asiento de por allá —me dijo la profesora, señalando una silla cerca de dos chicos y detrás de una rubia.

El muchacho a mi derecha es lo que se considera “sexy” para las muchachas, rubio, ojos azules y me imagino que deportista. El típico cliché del colegio y estoy casi seguro que la chica en frente mío que en este momento me está enviando una mirada provocadora, que resulta ser asquerosa debe ser su novia. Lo vuelvo a repetir, un típico cliché.

Qué asco…

Por último, cuando me estoy sentando, logro analizar al otro chico, que parece un poco más normal, ojos cafés, cabello marrón claro y podría decirse que es bien parecido. No soy el tipo de chicos que pasan fijándose si un tío es guapo o no ¿A mí que me importa?

La profesora empezó a hablar sobre Pitágoras o algo por el estilo, mi mente empezó a vagar…

Hasta que algo golpeo mi hombro.

Voltee a ver que era y vi al tipo rubio, sonriéndome arrogantemente.

—Hey, Trey ¿No?

—Seguro, si no lo es, mi madre me ha engañado toda la vida —le dije, sarcásticamente. Él se rio. No me daba buena espina.
—Te doy un consejo ¿Ok?

—Está bien…

—No te acerques mucho a Elizabeth ¿Entendido? —La miró con desprecio. 

— ¿Por qué?

— ¿Acaso no las has visto? —me preguntó la *rubia de botica.

—Sí, obviamente la he visto. ¿Y? 

—Su ropa… Sus golpes… Ella es pobre.

—Está en la ruina y solo está aquí por la beca.

—Da asco, no te acerques a ella —terminaron los dos al unísono.

Hice una mueca de disgusto.

— ¿Y que tiene si es pobre o no?

—Debe de oler mal —me dijo la chica.

— ¿Te has acercado si quiera a ella? —le preguntó, enojado. ¿Cómo hay personas así en este mundo?

—No… Pero debe de oler así.

—Pues, te digo algo… Huele a puras flores y lo digo enserio —y era verdad, huele muy bien.

—Bueno… si ese fuera el caso, estaría bien. Pero, ¿Has visto sus golpes? —me preguntó *Ricky Ricon

En realidad, si había visto un poco de moretes en sus bellas piernas, pero nada de qué preocuparse.

—Vagamente…

—Dicen que es *masoquista, ha llegado con cada golpe… Que no sería de sorprenderse si lo fuera.

Estoy harto, ni si quiera la conocen ¿Y hablan así de ella?

—Pues, sabes que…—pero antes de que pudiese seguir, sonó la campana.

Recogí mis cosas y traté de irme con Lizzie pero ella ya había salido.

— ¡Hey, Trey! —me llamó el chico de la clase.

— ¿Sí?

—Nos vemos en el almuerzo y… ¿Ya sabes? No te acerques a… 

Alcé mi pulgar en señal de que estaba bien, pero no estaba bien.   Una cosa es que me diera el consejo y otra muy diferente, era que yo lo tomara.

El día pasó lento y aburrido, hubieron 3 clases en las cuales las cosas me pasaban por un oído y salían por el otro… Solo vi a Lizzie una vez, en clase de Ciencias, pero ella ni si quiera me noto, estaba muy ocupada viendo sus cuadernos.

Ahora entiendo porque todos se nos quedaban viendo cuando íbamos juntos.
La consideran una pobre y por eso no le hablan.

Estupidez total.               

Finalmente, llega la hora del almuerzo y sé que estoy muriendo de hambre.

Cuando entro en la cafetería, nada me sorprende. Es lo mismo que en mi antiguo colegio.

Un lugar donde sirven la comida en bandejas y millones de mesas en las que puedes sentarte, solo que en este caso, tienen mesas en el jardín, lo que lo hace un poco mejor.

Hago la fila y me sirven una carne, bastante rara pero que se ve deliciosa, y un poco de arroz con frijol.

Analizó en donde me voy a sentar, pero para mi desgracia el chico de las matemáticas levanta sus manos a mi dirección, invitándome a ir.

¡Mierda! Bueno… Tal vez no sean tan estúpidos como parecen.

Me voy acercando y estoy seguro que es “la mesa de los populares”. Millones de chicos musculosos están amontonados y chicas bastante guapas igual que ellos, cada uno hablando de sus cosas.

— ¡Ven acá!

Me acerco y me toma por el hombro.

— ¡Chicos! Él es Trey, lo invité a almorzar hoy, es un poco nuevo pero esperamos a que se una al equipo de basquetball ¿Qué crees, Trey?

—Me gustaría empezar por saber, ¿Cuál es tu maldito nombre? —le digo, rudamente. Me tiene harto, pero para mi pesar todos ríen.

—Perdona, mi nombre es Derek y está es mi novia, Rachel —dice señalando a la rubia que estaba junto a él en la clase. Lo sabía.

Se dedicó a presentarme cada uno de los presentes en la mesa y yo solo asentía, como si fuese capaz de recordarlos todos.

Me senté a su lado y empecé a oír millones de voces hablando.

No quiero estar aquí…

Me fijo a mí alrededor y veo a Lizzie, sentada en una mesa…

Sola.

No me gusta en nada que esté sola.

—Derek ¿Lizzie no tiene amigos? —le preguntó.

— ¿Elizabeth, querrás decir? No, ¿Cómo va a tener amigos si es la pobretona del colegio y además es masoquista?

Mi corazón dio un vuelco. Era rechazada y eso no estaba bien.

—Yo no le veo nada malo a ella. 

—Pues deberías amigo… Mírala.

— ¿Sabes qué? Me tienes harto, ni siquiera la conocen y ya la juzgan por su apariencia, que si me lo preguntan no es nada malo. Es bastante guapa, si te has detenido a pensar. Es hermosa. Y prefiero irme con ella a que estar sentado con uno de los miles gilipollas que he conocido en mi vida, Derek. Adiós —Cogí mi bandeja y me fui a la última mesa en donde estaba Lizzie, la mesa más apartada del lugar.

— ¡Vas a terminar llorando, Petryfork! ¡No seas estúpido!

— ¡Lo siento, así nací! —y sin si quiera voltearme a verlo, seguí con mi camino.

Cuando estaba a pocos centímetros de la mesa de Lizzie, ella alzó la vista y abrió los ojos como platos.

Prepárate Lizzie, porque tu rechazo...

Ha terminado.


Elizabeth.
Cuando alzó la vista veo a Trey, dirigiéndose directamente hacía mí, y mi corazón da un triple salto mortal.

Esos ojos son asesinos y viene tan seguro de sí mismo que no sé lo que quiere hacer.

¡Oh espera! Claro que sé, quiere quedarse sin reputación.

Puedo ver a lo lejos, como un Derek enojado le saca el dedo del corazón a Trey, pero él parece no darse cuenta.

Cuando llega lo suficientemente cerca a mi mesa, me sonríe.

— ¿Me puedo sentar contigo, señorita tenista? —me pregunta de lo más lindo… ¿Lindo? No… Lindo no…

—Trey, ¿Qué haces? —le pregunto, aturdida. ¿Acaso no sabe de MI reputación?

—Sentarme contigo, ¿Puedo? 

Asiento con la cabeza y pone su bandeja lo más cerca a la mía, sentándose a mi lado sin ningún problema.

— ¿Sabes que acabas de arruinar tu reputación, no Trey?

— ¿Cuál? Ni siquiera tenía una, no veo el problema —me dedica una sonrisa antes de meterse un pedazo de carne a la boca.

—Pero… ¿Sabes de mi reputación no? —le pregunto, comiendo como él lo hizo.

—Sí… Y me molesta que no me hayas dicho, por cierto 

—Perdona… Pero no quería que sintieses “lástima por mí” 

—Imposible.

¿Imposible? Eso no era lo que yo esperaba

— ¿Cómo?

—Eso, imposible. ¿Cómo voy a sentir lástima por ti, cuando me vences en tenis como si nunca hubiese jugado? —pregunta, mientras se lleva otro pedazo de carne a la boca.

Me hace sonreír. Es muy lindo, sin duda.

—No lo sé. Supongo que fue tonto de mi parte.

—Mucho para una persona que entiende las matemáticas. 

—Pero, poco para una persona que casi no entiende el español —contestó hábilmente e inmediatamente me arrepiento. ¿Qué acabo de decir?

Él se ríe a carcajadas.

—Muy cierto, ¿Enserio no te cuestan? ¿En nada? 

—No…

Es la verdad, desde pequeña las matemáticas se me dan perfectamente, tanto así, que saco 10 en la mayoría de mis exámenes. Además, me gustan bastante.

Me mira curioso y me siento como una rara.

—Sabes… estoy pensando en algo que nos puede servir a los dos.

—Ah sí… —la cautela aparece en mi mirada— ¿Cuál?

Termina de tragar su almuerzo y continúa.

—Qué te parece sí, ¿Yo te doy clases de español y tú me das de matemáticas?
Sería perfecto, necesito la mayor ayuda en español. Si saco menos de 8 en alguna materia, me quitan la beca y el año pasado estuvieron a punto de hacerlo.

Pero, no estoy segura de ello. ¿Cómo se lo voy a pagar?

—En realidad… No creo tener dinero suficiente para...

—No —me dice, interrumpiendo —La cosa es esta, yo te pago con clases de español y tú me pagas con clases de matemáticas.

Me siento tan agradecida con él, que no sé qué decir.

—Gracias —le digo, sonriendo.

—De nada, linda.

Eso hace que me sonroje.

Trey me ha dicho más cumplidos de los que he recibido en mi vida, y aún no logró entender por qué me trata tan bien. Hasta me ha defendido, estoy segura. Si no, no se hubiese ido de la mesa de Derek.

Estoy en mi pequeña nube mientras termino de comer, tal vez un chico se esté fijando, finalmente en mí, y no es feo.

Pero mi nubecita se desploma ante mis ojos cuando veo que Rachel se acerca a mí, con su estúpida hermana.

Las hermanas Richards son unas víboras, Rachel es la mayor y Jamie la menor. Siempre me han tratado con desprecio, pero aún no logro entender el por qué.

Estoy segura de que Rachel quiere seducir a Trey, pues vi la mirada que le lanzó en Matemáticas, su mirada seductora a la que ninguno falla.

—Hola, Elizabeth. —me dicen al unísono. Me encojo en mi silla y Trey me ve extrañado.

—Hola, Trey —Y ahí está la mirada otra vez.

—Hola… —dice secamente.

Lo miro, anonadada. ¿No estaba hipnotizado con sus ojos?

—Oye, Beth. ¿De dónde sacaste esa blusa? —dice Jamie, acercándose a mí.

—Es taaan parecida a la que... ¡Oh Dios! Es esa

— ¿Qué es, Rach?

— ¡Jamie, esa es la blusa que done a caridad el año pasado! 

Ambas se ríen y yo me siento a morir, porque sinceramente, es de la caridad.

— ¿Y la donaste después de haberla recibido como donación? —le pregunta, Trey. Lo miró estupefacta ¿Acababa de insultarla?

— ¿Disculpa? 

—Perdona, creo que no me explique bien. Me imagino que cuando te donaron la blusa A TI, no te gusto y la volviste a dar a caridad ¿O me equivoco? Para luego pedir una más… “A la moda”

— ¿¡Cómo te atreves!? 

—Atreviéndome —le dice, rodando los ojos y sonriéndome al mismo tiempo, como si compartiéramos un pequeño y sucio secreto. 

—Eres un maldito hijo de puta.
—¡Hey! Mi madre no es una puta, algo parecido pero no tanto… —le guiña un ojo y yo no pude evitar carcajearme.

—Vamos, Lizzie. Debes llevarme a la clase, ¿Recuerdas? — y antes que pueda responder, jala de mi mano y me lleva al final de la cafetería, dejando con la palabra en la boca a Rachel.

Cuando salimos del comedor, no puedo evitar reírme hasta no poder más.

Y no es una risa cualquiera. Es una risa llena de diversión, alegría y más que todo diversión.

Trey se rié conmigo y nos detenemos en el pasillo para poder reír a gusto.

Cuando estamos a punto de quedarnos sin aire, nos logramos detener y tomamos aire.

Nuestras miradas se cruzan y mi mundo se derrumba, esos ojos son preciosos. Me sonríe y le da un apretón a mi mano…

¿Cómo le dio un apretón a mi mano si…?

¡ME ESTA TOMANDO LA MANO!  ¡Santísimo!

¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Qué hago?

—Gracias… —le digo, torpemente.

¡Claro! Dile las gracias y todo está solucionado. Estúpida.

—De nada, Lizzie. Pero no te dejes, defiéndete, chicas como esas son unas perras totales —me dice, seriamente.

—Yo, yo… —bajo la mirada, demasiado avergonzada.

—Ea… —me coge por la barbilla— No hagas eso, solo te advierto, que nadie es mejor o peor que tú.

Este chico es maravillosamente raro...

—Gracias, Trey. Eres muy lindo conmigo…

Me ruborizó ante mis palabras, pero él solo me mira con ternura.

—Estoy seguro de que así es —y me guiña un ojo.

La campana suena y nos dirigimos a la clase de español, los dos…

¡Tomados de la mano!

Es como un pequeño sueño…

—Es aquí —le digo, deteniéndome en la clase de la Señorita Odonnell.

Entramos a la clase y todas las miradas están en nosotros, por un momento no logro captar el por qué, y luego recuerdo que me está agarrando la mano.

Trato de soltarme de su agarre pero no me deja, es como algo que él quiere demostrar.

Le dice algo a la profesora y ella le sonríe pícaramente.

—Siéntense donde deseen. —nos dice, y me guiña un ojo.

¿Qué le habría dicho?

Trey me conduce a un pupitre al final de la fila y él se sienta en el pupitre continuo.

Toda la clase nos ve muy atentos y al darse cuenta de eso, deja ir mi mano, pero me da un beso en los nudillos.

Me sonrojo más que la nariz de Rudolf y la mayoría gritan un “Uhhhh” al unísono.

Trey se ríe y yo le mando una mirada de: te voy a asesinar por la noche.

— ¡Cálmense, por favor! Empecemos la clase…

Todos se callan y la aburricion empieza.

Mi mente se va a otros lugares más lejanos, en donde mi madre está viva y mi padre es sobrio. Todo sería perfecto y tal vez podría salir con Trey…

Pero en estas condiciones mías no.

A veces, lo miró de reojo, no puedo evitarlo y otras para mi sorpresa lo sorprendo haciendo lo mismo, sólo que él parece auténticamente interesado en la clase.

Cuando la campana suena, no puedo evitar sentirme más feliz que nunca.

Todo en el español es aburrido para mí y no lo soporto.

Tomó mis cosas y me dirijo hacia la puerta, pero me detengo en seco, acordándome de esperar a Trey. Es lo menos que puedo hacer…

Además, su casillero está a mi lado.

Las personas pasan a mi lado, empujándome como si no existiera, algo a lo que ya estoy acostumbrada.

Finalmente Trey llega y nos dirigimos juntos al casillero.

Pasamos los minutos callados, pero es un silencio cómodo, no como el anterior en donde el aire emanaba tensión.

Abro mi casillero y colocó todo en él, acordándome si tenemos tarea o no para llevarme los libros.

—No tenemos tarea, Lizzie. —me dice Trey, leyendo mis pensamientos.

Lo veo con los ojos como platos. ¿Cómo lo supo?

— ¿Cómo…?

—Lo supe por tu cara, Lizzie. Tranquila, no soy extraterrestre.

Me sentí torpe, pero no pude evitar sonreír. Y eso que no me gusta hacerlo.

Cuando los dos terminamos nos dirigimos al aparcamiento, en donde todos nos ven con curiosidad, y algunos con desprecio (Rachel, Derek…) 

—Bueno, nos vemos mañana ¿No? —le digo.

—Claro, pero… ¿Te vas caminando?

—Efectivamente.

—Vamos, te llevó —me dijo, abriendo la puerta de su carro para que entrara.

—No, no, puedo caminar enserio, no tienes por qué hacerlo…

—Ya sé, pero quiero. Vamos, así me explicas que es lo que vimos en clase de matemáticas, no oí ni mierda.

Di un respingo al oír la palabrota que había dicho.

— ¿No dices malas palabras? 

—Oh… no muy a menudo 

Pero si las oigo bastante… 

—Entonces… ¿Qué dices, vamos? 

Dudó antes de contestar. Podría caminar y fantasear con mi día o hablar con él hasta llegar a mi casa, y ahorrarme un dolor para mis pies.

Segunda opción, por favor.

—Está bien, muchas gracias.

—De nada, linda. Vamos. 

Me monto en el carro y él cierra la puerta.

Hoy ha sido un muy buen día…

Y espero que mi padre no lo arruine…




*Alcatraz: Era una de las cárceles más crueles de Estados Unidos. Ubicada en la Isla de Alcatraz.

Rubia de botica: Persona que se hace un tinte en el pelo no profesional, o sea se nota que lo compro en la tienda.

Ricky Ricon: es una  película protagonizada por Macaulay Culkin en la que interpreta al hijo de una familia rica al que le faltan amigos de su edad. 

*Masoquista: Persona que disfruta siendo maltratada y humillada.



3 comentarios :

  1. hey, aun no lo leo… tareas de hermanas menores…
    pero estoy revisando tu lista de libros y veo que uuups! apenas y he leido 2, creo, igual que tu, (besos de murcielago y just listen)
    ok… luego me dices, preciosa¡!

    ResponderEliminar
  2. Te estoy escribiendo todos los comentarios seguidos porque lo estoy leyendo seguido xDD

    Me encantaría tener tu imaginación y tu capacidad de dar vida a unos personajes que me tienen enamorada...

    ¡Voy a por el siguiente! :P

    Un besazo, de tu otra mitaaaad (otra vez xDDD)

    ResponderEliminar
  3. DIOS,ME ENCANTA*¬* Y TUS FRASES SON GENIALES^^!!
    BESITOS DE MIEL^^
    ALICIA

    ResponderEliminar

¿Deseas comentar la entrada? ¡Hazlo, será un placer leerla! Sólo que ten en cuenta una cosa... (Y es una cosa realmente seria, ¡te lo digo! Algo así como... de vida o matamos a tu gato ._.! Y dirás, "Ja! Yo no tengo gato" Y yo te diré.. "Exacto ._.") ¡Comenta con respeto! ¡Si no te gusta lo que escribí y quieres decirmelo hazlo con respeto, es lo único que pido! Ahora, si ya te hartaste de leer esta introducción... Comenta :D!
Y recuerda, sonríe siempre :3!