12 de mayo de 2013

Capítulo 13.

“That’s the thing about pain… It demands to be felt.”

--The Fault in our stars, John Green.

 Trey.

La noche estaba llena de estrellas, tantas que cualquiera diría que vivimos en el campo —cosa que, claro está, no es verdad. Solo si considerarás que los edificios son árboles súper avanzados que ni un Einstein futuro podría crear… Aunque claro, Einstein murió y… Ah. No. Mejor cállate mente—, podría atreverme a decir que, hasta la luna brillaba con más fuerza a través de la ventana del carro, sin embargo, puede que fuesen las luces.

Mmm… creo que sí lo son.

La cosa es que se ve realmente precioso. Tan magnífico que preferiría no llegar a casa, sino quedarme allí, al volante del carro y conducir hasta los finales de la tierra, con una noche infinita y un cuerpo que no tuviera que cansarse. Apuesto a que si se pudiese, sentiría miles de emociones cada vez que admirara las estrellas, miles de sentimientos mezclados para luego ser expulsados. La nostalgia de mi familia me atacaría como loco y hay probabilidades de que la tristeza llegue peor que un mar de lágrimas, solo que… A la vez sabes que sentirías libertad, algo parecido a volar como un pájaro y sentirte feliz de no tener preocupaciones o algo de lo que no te dejen hacer. Poder, literalmente, ser libre. 

Sonrío, meneando mi cabeza. Dios, estoy volviéndome loco. Pero, ¡hey! No soy el único que ha pensado eso, lo sé perfectamente. 

Okay, puede que no.

El punto aquí es que yo soy la cosa más suertuda del planeta —¿me acabo de decir cosa?—, y ya llegué a casa. Así que, adiós a la libertad. 

Después de todo, ni la quería tanto. Tengo todo lo que necesito. Excepto chocolate, ¡no hay chocolate! Y realmente quiero, pero… Me da alergia.
Así que sí, como dije, mi suerte es interminable.

Suspiro y me bajo del carro, dando un cuidadoso portazo al salir —realmente nunca sabes cuándo podría volver a zafarse—, y camino silenciosamente a casa, pensando que podría asustar a Jason como venganza, sin embargo, dejo la idea inmediatamente cuando oigo la chillona voz de mi hermana saliendo de la puerta. 

¡Puerta! ¡Ni siquiera he entrado y ya se oye! Increíble. 

—¡Es un tonto! ¡No sabe ni lo que dice, o siquiera sumar dos más dos! Seguro si le preguntas, te contesta “perro”. Ni es original —escucho un bufido y hasta creo que siento cómo rueda sus ojos—, ojalá le enseñasen una lección.

Alguien cierra la tapa de una botella de refresco (¿quién podría ser, sino Jason?), y ríe con una carcajada limpia. Luego se pone serio. 

—Bueno, tú solo me dices y llego y le doy una buena tunda, que no me cuesta—dice, mientras entro a la habitación y dejo las llaves en la mesa con un suave tintineo. Lo veo justamente besando sus bíceps en señal de “soy un machote que patea traseros como G.I Joe”, ambos sentados en los sillones y Rachel riendo de su estupidez. 

Es genial haciéndola reír.

Alzo una ceja, divertido, mientras me dejo caer en el sillón al lado de Jason y al frente de mi parásito favorito. 

—Me voy 15 minutos y tú ya estás dando malos ejemplos a mi hermana pequeña. ¿Qué haremos con él, eh Rach? —bromeo, y choco mi hombro contra el de él. Se ríe de nuevo y como es contagioso, yo también lo hago, llenando la casa de puras carcajadas varoniles. 

Ella, claro está, nos mira totalmente extrañada, pero muy sonriente. 

Es en estos momentos, en los que pienso que la libertad se siente así: alegre, sin preocupaciones, solo riendo de lo buena que puede llegar a ser la vida. Sintiéndote genial y sabiendo que, tienes un gran futuro por delante —aunque no sé qué tiene que ver el futuro con lo que pienso. 

Mientras me comienzo a sumir en mis pensamientos, no pierdo la oportunidad de preguntarle a Rach lo que comencé a cuestionarme desde que entré a la habitación. 

—Y, ¿cómo llegaste aquí? —le digo, realmente curioso. Se supone que mamá debería estar en casa si ella está aquí, y como no vi o sentí su presencia en ningún momento imagino que no ha llegado. 

Se encoge de hombros, mirando hacia otro lado. De pronto, parece cohibida. 

—Jason me recogió… —ni siquiera podía verme a los ojos.—, llamé a casa y tú no estabas, mamá se quedó hasta tarde en el trabajo y como Jase contestó, se ofreció a recogerme. 

Cambié mi mirada fija hasta mi mejor amigo, que a diferencia de mi hermana, estaba totalmente relajado. Se concentró en un punto neutro en la pared y después, me dedicó una sonrisa, posando sus ojos azul resplandeciente en mí. 

—La casa de su amiga estaba como a 2 kilometros. En carro, se hace volando y tú duraste más de lo que yo habría esperado —su sonrisa cambió a una forma típica de soy-tu-mejor-amigo-y-sé-que-estabas-haciendo-cosas-que-no-quieres-admitir—, haciendo quién sabe qué, así que fui por ella. ¿Qué querías? ¿Qué la dejara abandonada? No, no. No sirve. Además, debiste haberla visto, venía hecha una furia. Hice bien. Agradéceme. Yo comenzaría por un “Jason, oh, hermoso y adorable Jason, gracias por recoger a mi preciosa hermana y…”

Y cerró su boca fuertemente, seguido por un chillido de Rachel. La observé, sonrojada hasta la frente y sus ojos azules abiertos de par en par, con sus rizos rubios resplandeciendo contra la luz de la lámpara, observando a Jason, quién, por su parte, tenía la mandíbula tan apretada que podría haberse roto los dientes. Pareciera que dijo algo mal…

Algo que yo no acabé de entender. 

Me siento un poco rechazado. No sé lo que pasó. Ah… y el ambiente está bastante tenso. Eh. ¿Lo destenso? ¿O no? ¿O sí? No, mejor sí. Parece lo mejor.

—Así que… —alargué la e un poco. Por alguna razón, me siento como un chiquito de 5 años, preguntando alguna cosa de sexo o recibiendo la charla de “la abejita vino y plantó la semillita”. O cómo se los hayan explicado a otras personas. A mí, me traumaron las abejas—, ¿Por qué venías hecha una furia, hermana?

No respondió durante unos segundos, simplemente se quedó allí, viendo al vacío —bueno, llamemos al vacío Jason—, y lentamente, como no queriendo salir de su trance, se concentró en mí, pestañando varias veces como para salir de su ensueño. 

Luego, analizó mi pregunta y entonces, su ceño se frunció, sus labios hicieron el peor puchero imaginable y apretó sus manos en puños. Así, señoras y señores, es como una mujer, da señales de que explotará. 

O tal vez no, pero por lo menos así lo demuestra ella.

—¡Ese estúpido de Flinch Reynolds, por eso! ¡Es un tonto, Trey! ¡Un verdadero tonto! Es más, es un imbécil machista, que algún día terminará en la Prisión de Azkaban por ser tan… tan…

—Idiota —terminó Jason por ella, recuperándose a su vez del suave trance de enojo al que había llegado hace poco. 

Yo fruncí mi ceño.

—Cuida ese vocabulario, Rach. —Sí, soné cómo un padre, pero es mi trabajo en casa—, y deja de ver tanto Harry Potter. En todo caso, podría terminar en Alcatraz, que no es tan genial. Sería mejor castigo.

Sonrío, pensando igual que yo. Después volvió al ataque.

—¿¡Sabes lo que dijo de las mujeres!? ¿¡Lo sabes!? ¿¡Lo sabes!?

Le sonreí dulcemente.

—Bueno, linda, obviamente no. No me lo has dicho aún.

Jason rió y ella rodó sus ojos.

—¡Dijo que solo servíamos para ser amas de casa! —comenzó a imitar su voz, medio aguda-grave— Las mujeres deben estar en la cocina, solo para eso sirven. Eso y para darnos hijos. Y claro, limpiar la casa. Para nada más. ¡Menudo cabeza de chorlito! ¡Jamás irá a la universidad por el rango tan bajo de IQ que posee! ¡Me apiado de sus padres! ¡De su futura esposa! ¡Me apiado de sus hijas, por todos los Bob esponjas existentes!

Alcé una ceja con curiosidad.

—¿Bob esponja?

Tenía su boca abierta para seguir hablando, sin embargo, la cerró para entender lo que le pregunté. Luego, entendió.

—Ah, sí. ¿Recuerdas cómo mamá dice que no debemos decir el nombre de Dios en vano? Ahora digo Bob esponja. No hay excusa, además de que esa esponja es famosísima. Los dejo usarla, si quieren —se encogió de hombros, mientras se oía una diminuta sonrisa de mi mejor amigo—. ¡Deberías ver cómo trata a su novia, Trey! Le dice “ven aquí, recoge esto”, o sino “¿preparaste mi almuerzo, mujer?” ¡Mujer! ¡Machista! Ese…

—¿Tiene novia? —interrumpí, colocando mis codos sobre mis muslos. Esto no me estaba gustando.

—Ajá… —respondió vagamente.

Fruncí el ceño, de pronto malhumorado. 

—¿A esa edad? —ella volteó sus ojos hacia otro lado. Apreté mi mandíbula—, ¿Tú tienes novio?

—¡Trey! —dio un grito indignado—. ¡No es eso de lo que estamos hablando! 

—Responde. 

Iba a protestar, lo sé, solo que luego le dio una mirada a Jason y no sé qué rayos habrá hecho él para que se calmara, pero lo hizo. Me miró fijamente.

—No, no tengo.

Mis hombros cayeron y sonreí. Bien. No quiero que mi hermana ande con un cualquiera. Si tuviese que salir con alguien a esta edad, preferiría que fuese un chico que conozca de hace mucho tiempo, que a uno de esos tontos de sus compañeros…

—Cómo iba diciendo… —replicó, aun molesta—, no solo es machista, ¡sino que también maltrata a las chicas! ¡Le ha pegado a una, Trey, yo le he visto! Y varias compañeras lo hacen también. Es injusto. Le hacen daño, ¡y solo porque dicen que es fea! El otro día le llenaron el pupitre de papeles que decían cosas… horrendas y yo… yo… No pude hacer nada. Me sentí tan impotente. 

Conozco a mi hermana desde que salió del vientre de mi madre. La he visto dar sus primeros pasos, pronunciar su primera palabra, dar su primer rabieta y enojarse de las formas más fastidiadas que he visto, pero en todos mis años de conocerla, de quererla, de tenerla como hermana menor, nunca —y podría jurar esto—, vi tanto dolor en sus ojos. Cuando digo nunca, lo digo en serio. Jamás la había visto así. Y me aterroriza pensar en lo que le han hecho a esta chica, porque Rach es fuerte y cuando le afecta algo, no es nada. 

¿Saben qué es lo malo de tener hermanos? Que, en la mayoría de las ocasiones, te haces tan apegados a ellos que su sufrimiento, puede acabar siendo el tuyo propio. Algo así como cuando estás enamorado, pero con familiares. 

Con un nudo en mi garganta, fui hasta su sillón individual lentamente y me arrodillé en frente de ella, viéndola directamente y concentrándome en reconfortarla.

—Rach, dime… ¿Te parece fea? ¿La chica de la que nos hablas? 

Ella negó rápidamente. 

—Emily es muy linda. Me refiero a que, tiene brackets y usa anteojos, pero si la miras bien tiene una mirada preciosa y un rostro muy dulce. 

Sonreí de forma minuciosa.

—Y, ¿alguien más piensa igual que tú?

Asintió.

—Todas mis amigas y Jason también lo piensa. 

—Es verdad… —intervino desde el otro lado de la habitación. Luego le preguntaré cómo la conoció.

Volví a centrarme en Rachel, cogiendo sus manos suavemente para que me prestara atención.

—Muchas veces, Rach, desgraciadamente, la sociedad nos implica cosas que no deberían ser enseñadas, pero que sin embargo lo son. Nos dicen y nos hacen creer que la belleza de una mujer es que sean: flacas como un palo, maquilladas hasta no poder más y tan altas, que ni el tío Tony podría alcanzarlas —ella rió suavemente—, nos dan estos conceptos tan premeditados y concretos que, la población comienza a creer en que es verdad. Las mujeres se acomplejan y hacen caso a lo que otros dicen y los hombres aceptan lo que les proponen y se dicen que la hermosura de una muchacha es esa: ser flacas, altas y maquilladas. Casi gritando, que no importa los que no piensan así, los que no lo creen como ellos desean. 

Bufó, enfadada. Sé que le parece absurdo. Después de todo, es una Petryfork, y los Petryfork vamos contra las reglas de lo común.

—Si miras bien, es tanto lo que han impuesto que hasta los niños o pubertos de ahora lo creen así y, al ver a una chica que no sigue las reglas, que no es flaca o que no está maquillada o que no es alta, la ponen un lado y le hacen creer que hay algo mal en ella. —mi enojo empezó a crecer tanto como el de mi hermana—. La cosa es que no hay nada erróneo en esas personas y muchas veces, los que tratan así a esta gente sienten envidia de ellos, porque a lo mejor son bonitos por naturaleza o porque no siguen lo que la sociedad manda. Ahora, ¿crees que las palabras sean suficientes para intimidar a alguien? ¿Para hacerle ver que está mal?

Meneó su cabeza rizada.

—Exacto, no. Y entonces, van a los golpes, al maltrato, a lo doloroso, sumando las palabras, lo que lo hace mucho peor. Esto crea un acomplejo tan fuerte en la persona, que termina creyendo todo, todo en lo que no creía antes. La sociedad impone y los demás caen ante ella. Esto es lo que le pasa a tu compañera. Usa anteojos, tiene brackets y apuesto a que no se viste muy a la moda, y eso los enfada y los lleva a hacerle maldades. ¿Sabes qué creo? Que la ven linda, tan linda como tú la ves y al darse cuenta de eso, no les gusta y le hacen creer que es todo lo contrario a lo que realmente es y la aíslan. Y, ¿qué es lo peor de todo?

Tragó duro.

—¿Qué?

Suspiré, molesto.

—Que a veces es tanto, que se llega al suicido. Los niños, los propios “amigos”, crean y conllevan a algo tan fuerte en jóvenes que podrían tener un gran futuro y eso es horrible, pero sucede. Sin embargo, todo tiene solución… Y en este caso, tú lo eres. 

Me regaló una mirada tan confundida que podría haber reído. Le sonreí. 

—Imagino que Emily no tiene amigas, ¿o sí?

—No… —replicó, tratando de seguirme

—Bien. Quiero que mañana vayas y hables con tus amigas y la invites a comer con ustedes. Podrá no hablar, podrá estar extrañadísima, pero estará ahí, contigo y serán las encargadas de mostrarle lo hermosa que es y lo poco que importa lo que los demás piensen. Házselo ver, dale amigas, dale confianza, porque eso es lo que no se tiene cuando personas sufren su situación. Puedes salvarla de una depresión futura muy fuerte o tal vez en una de la que ya se encuentra. Simplemente… acéptala y hazla ver que cada uno es raro en su interior y que ella no es tan diferente de los otros como piensa. Hazlo, Rach, estarás orgullosa algún día. —Jason, quién había estado callado desde hace mucho, hizo un sonido como de lloriqueo y rodé mis ojos—. ¡Ah y con lo del machismo! No le hagas caso, linda, lo más probable es que no tenga cerebro o que sus padres no lo tengan, porque ellos son los que le enseñan sobre eso. Algún día llegará una chica que lo pondrá pies arriba y tendrá que aprender a comportarse. Tú tranquila. Las mujeres nos controlan, no seríamos nada sin ustedes. 

Me sonrío temblorosamente y saltó del sillón, dándome un gran abrazo. Reí y la abracé de vuelta. 

—Gracias, Trey. Te quiero. Serás un gran padre algún día. 

—Un padre genial y todo gracias a su fantástica madre, ¿no es así, cielo? —dijo mamá, apareciendo en escena. Tenía los ojos llorosos y estaba un poco desarreglada; no la podía culpar, acababa de salir del trabajo y era bastante cansado. Colocó una mano en su boca, tratando de no llorar. 

Oh vamos, lo único que dije fue la verdad. Tampoco fue para tanto. 

Todos le sonreímos.

—Bueno, mamá, no quisiera aumentar tu ego, pero… —dejé la frase sin terminar, bromeando un poco. Ella se rió, rodando sus ojos a mí y yo me levanté a abrazarla. 

¿Qué puedo decir? Soy un chico de mamá. 

—Supongo que no puedo llevarme todo el crédito…—replicó, haciendo una mueca. 

Rodé mis ojos.

—Bueno, la psicóloga ayudó un poco con toda esa charla que acabo de dar…

Asintió, melancólica. Sé que odia recordar esos tiempos, en los que Rachel era demasiado pequeña para entender lo que sucedía y yo era exageradamente débil para defenderme, sin embargo, son cosas a las que debes sacarle provecho. Como ahora. 

Mamá sonrío.

—Mejor que le hayas dado tú esa charla motivadora, es mucho más creíble cuando viene de un hombre.

Mi querida hermana saltó del sillón, moviendo su cabeza en un “sí” con convección. Hasta Jason se encogió de hombros, casi informándome que era cierto. 

—Bueno, me alegra haber sido de ayuda, enana —le dije, despeinándole el cabello. 

Ella frunció el ceño. 

—¡No me digas enana! Suena feo. 

Le hice una mueca y luego reí.

—¿Feo? Es con cariño. 

Colocó sus manos en sus caderas, viéndome directamente a los ojos, desafiándome. 

—¿Enana? ¿En serio? Me recuerda a los 7 enanos de blanca nieves y me imagino con barba y sombrero. No me gusta, prefiero parásito a eso.

Miré a mamá, tratando de compartir una mirada secreta con ella, esperando que entendiera. Sí lo hizo, porque trató de esconder una carcajada.

—Mamá y yo pensamos que serías Tontín. 

Sus ojos se llenaron de pura indignación, para luego pegarme suavemente en el brazo.

—¡No soy Tontín! ¡No soy un enano! ¡Ni siquiera estoy vieja! —sacó su labio inferior en una queja, casi puchero, pero realmente no lo era—. Ustedes son totalmente insoportables. Siempre me hacen esto.

Ahora todos reímos, Jason incluido —okay, Rach no rió—, sin embargo, —y a cómo era lo más probable—, mi mejor amigo salió a su rescate, colocando una mano en su cabeza y acercándola a él. 

Nos miró seriamente a ambos.

—Si no quiere que le digan enana, no se lo digan. Menos un chiquito viejito barbudo… —arrugó su nariz con una sonrisa, cambiando la posición de sus ojos para verla—, suena mejor pequeña, ¿acaso no te gusta?

Los ojos de mi hermana menor se iluminaron como dos velas de cumpleaños a punto de ser sopladas. Mi madre me dio un codazo y aunque la volví a ver y sé que quiso darme una de nuestras super-miradas-secretas, no le entendí del todo. Susurré un “¿Qué?”, lo más bajo que pude y prácticamente me regaló algo como… Estúpido-hombre-despistado.

Créanme, me ha dicho así.

—Sí, suena mucho mejor —dijo, casi saltando. 

Él asintió rápidamente.

—Entonces, te diré así. 

¿Recuerdan el otro día? ¿Cuándo dije que Rachel le había dado a Liz la sonrisa más grande de su vida? ¿Todavía más grande que cuando mi abuela le trae dulces? ¿Sí? Bueno, me equivoqué. Creo que acaba de dar la definitiva. La más gigante de la historia; sin jugar y además…

Esperen. ¿Acaba de darle un apodo? ¿Cariñoso? ¿¡Apodo cariñoso!? Pero… un hombre solo hace eso cuando…

—¡Yo me voy a leer! —gritó Rachel, sacándome de mis pensamientos. Cuando me di cuenta, ya estaba a la mitad de las escaleras, corriendo como si el demonio la persiguiera. Escuché el portazo de su habitación y me encogí —y estoy seguro de que ella también—, porque sabía lo que venía…

—¡Rachel Melissa Petryfork! ¡Vuelve a tirar esa puerta así y verás cómo amaneces sin pelo! —gritó mamá, enfadada, mientras caminaba hacia el piso de arriba. Oh vaya, esa amenaza nos la ha hecho a todos en esa habitación. 

Sí, Jason incluido. Dice que es el tercer hijo que siempre quiso, pero que nunca pudo tener. 

Lo sé, no parece que esa señora regañona y mandona sea la misma que dice cosas tan dulces y adorables, sin embargo, lo es. Créanme o no. 

Mejor créanme.

Jason y yo nos miramos el uno al otro y nos encogimos de hombros. Si todos se iban para arriba, nosotros también. Además, no he visto a Rocky, ni por dónde se metió, así que supongo que está —y espero que así sea—, en mi cuarto, por lo que echarle una ojeada no estaría mal.

—Así que… —él subió las escaleras lentamente, nunca mirándome. Observé que tenía los hombros tensos—, en el camino Rach me venía hablando de este chico… 

Alcé mis cejas, extrañado.

—¿El machista idiota?

Meneó su cabeza rápidamente, negándolo.

—No, otro… Un tal “Scott”. —casi escupió su nombre. Jum—. ¿Te ha hablado de él?

Abrí la puerta de la habitación, oyendo el maullar quejumbroso de Rocky cuando entramos. Lo alcé en mis brazos, acariciándolo antes de contestar.

—Creo. Mencionó algo sobre que era muy agradable —me senté en la cama, colocando mis ojos sobre él de una manera que decía a-dónde-quieres-llegar—,  ¿por qué?

Se sentó lentamente en el suelo, pareciendo pensativo.

—Nada, solo que me dijo algo parecido. —acarició a mi gato, quién maulló al sentirse querido. No me veía a los ojos—. Crees… ¿tú crees que le guste o algo así?

Fruncí mi ceño, de pronto demasiado al tanto de las cosas. 

—Bueno, más vale que no sea así. 

Rodó sus ojos.

—En serio, Trey.

Suspiré, dejándome caer de espaldas en el colchón. Se oyó un “puff”, cuando lo hice, pero me divirtió. Me gusta cuando saca un poco de aire. Y claro, mi espalda se siente mucho mejor con un descanso.

Me encogí de hombros a cómo pude.

—Realmente no lo sé, hombre. No creo que le guste demasiado, porque no es como que le haya hablado a mamá de él o mencione cada segundo sus cualidades o eso. Dudo que le guste… —pude ver cómo sus hombros se relajaron—, pero si fuese así, nadie la puede detener. 

Y ahora se volvieron a poner duros, hasta se puso más recto.

—Pero, ¿cómo rayos le va a gustar alguien con nombre de perro?

Cerré mis ojos contra la luz y después reí. Es verdad, Scott sonaba a perro o marca de comida para uno de ellos. 

—Jase, hay chicas que salen con muchachos que se pueden llamar Tomate y los aman. ¿Realmente crees que el nombre interfiera en el amor?

 Hubo un pequeño silencio en la habitación e inmediatamente supe que algo iba mal. No mal de vamos-a-morir-porque-hoy-es-el-fin-del-mundo-y-claramente-no-lo-sabíamos, sino mal de que algo me va a pasar.

Unos segundos más tarde, sentí el puñetazo de Jason en mi brazo. Si dijese que dolió, sería una mentira. Diría que, podría haberme QUEBRADO el maldito brazo. Sin jugar. ¿Acaso se le olvidaba que hacía un día me habían golpeado como un saco de box? 

—¡Hey! ¿¡Y eso por qué rayos fue!? —grité, enfadado. Su mandíbula estaba totalmente apretada. 

Él bufó.

—Por ser un maldito romántico. 

Me enderecé en mi lugar, fulminándole con la mirada mientras sobaba mi brazo contra el dolor. 

—Vamos, Jason, si Rachel tuviese novio, primero: debería pasar por mi cuestionario del FBI, que probablemente termine por ahuyentarlo. Segundo: pasar por el de mamá, que es todavía peor. Si resiste, debe aguantarnos a toda la familia por el tiempo que duren y no es como si se fuesen a casar cuando tienen esa edad. Así que realmente, no le veo nada de qué preocuparse.—le regalé una mirada curiosa—. Es más, veo raro que justamente TÚ te alteres. 

Sus ojos se abrieron con sorpresa, apartándose rápidamente. 

—Yo… —okay, creo que literalmente se coloró. Rojo. Está rojo. ¿¡Es en serio!? ¿¡Mi mejor amigo!? ¿¡Rojo!? Esto no está bien.

Lo dejé pensar unos segundos, esperando por una respuesta razonable. El silencio nos invadió. La habitación quedó en una paz absoluta, llenada solo por la tensión que emanaba de Jason. Hasta Rocky supo que debía callarse, quedándose en mis regazos y acurrucándose con pereza. 

Decido romperlo.

—¿Hay algo que quieras decirme, Jase?

Lo vi tragar duramente. Colocó un codo encima de su rodilla, dándose una pose relajada, la cual yo sabía, era más falsa que la nariz de mi prima Mildred.

—Trey… yo… —cruzamos miradas e hizo una mueca—, sé que soy tu mejor amigo y que Ra…

—Chicos, ¡me voy a dormir antes! —interrumpió mamá, abriendo la puerta de par en par. Su sonrisa era gigantesca y un tanto somnolienta y aunque la adoro con todo mi corazón, quise sacarla del cuarto en ese mismo instante, porque sabía que Jason no volvería a hablarme del tema hasta mucho tiempo después.

Ambos suspiramos al mismo tiempo, yo de frustración, él… Creo que alivio.

—Buenas noches —le dijo, acercándose para darle un beso en la mejilla. Ella le abrazó con euforia. 

—Imagino que te quedarás a dormir.

Él sonrío.

—Es lo más probable, señora.

Mi madre le guiñó un ojo, despeinándole como a un niño pequeño.

—Duerme bien, cariño.

Segundos después, era yo el que estaba despidiéndome y dándole un gran abrazo de “ir a dormir”…

Solo que después levantó mi camisa y comenzó a tocar mis costillas.

—¡Mamá! —le reproché, enfadado. 

Me silenció con la mirada. Comenzó a tocar mi pecho de arriba hacia abajo, presionando fuertemente y haciéndome jadear del dolor. Debía confesar que ya no era tan punzante, pero aun así molestaba.

Frunció su ceño fuertemente y alzó sus ojos hacia mí.

—¿Quién te vendó?

Ah… 

¿Era una pregunta capciosa?

—Seguramente fue su nueva novia. —intervino Jason con tono burlón. Iba a matarlo más tarde.

Ella alzó su ceja con curiosidad.

—Así que, ¿fue ella?

Me pasé la mano por la nuca, viendo hacia otro lado.

—Um, sí. Enloqueció cuando vio que estaba un poco golpeado.

—¡Un poco! —mi mejor amigo se rió como loco, histéricamente—. Amigo, tienes tantos colores en tu piel, que parece que te estás pudriendo.

—Cállate, Jason.

—¿Se dio cuenta de que no negó que fuese su novia? —meneó sus cejas con diversión y picardía. Si mamá no estuviera aquí… —A mí me huele a enamoramiento.

Apreté la mandíbula, bajando mi camisa rápidamente y dándole un último beso en la mejilla. Hizo un pequeño ademán para irse, aunque la detuve con mi suspiro. 

—No es mi novia. 

Sonrío de forma conocedora.

—Es curioso como niegas eso, pero no lo otro —dijo finalmente, cerrando la puerta tras de sí. Un inmundo silencio llenó mi habitación —de nuevo—, y observé unos segundos a Jason, viéndolo sonreír como un felino para luego tirarme a la cama y casi caerle encima a Rocky, quién se me había escapado de las manos.

El gato chilló y él rió. 

—Estás jodido, en serio. 

Murmuré algo inentendible, ya que mi boca estaba siendo tapada por el enredón de la cama. Después lo pateé ciegamente, tratando de ver dónde podría darle.

Soy tan suertudo, que le di en la espinilla y él aulló. 

—Supongo que esa es tu venganza…

Rodé mis ojos, aunque sé que no pudo verlo. Lentamente me volteé de espalda, recostándome sobre mis brazos para no sentir tanto dolor. Finalmente, sonreí.

—Bueno, mi venganza sería seguir hablando del tema del que me comentabas antes de ser interrumpidos. 

Jason gimió, tomando a mi gato en sus regazos. Supe en ese instante que no hablaría más del tema y yo me quedaría sin saber a medias. Realmente, no me importó, porque… esta es la cosa de los mejores amigos. Muchas veces, tratan de ocultarte algo; no a propósito, sino como, algo que se niegan a sí mismos y no pueden aceptarlo, hasta que presiones demasiado. Hay momentos en los que tú te enteras antes que él mismo, por lo que te toca decirle. En este caso, no es así. Es al revés. Jason acepta lo que le pasa, sin embargo yo no entiendo nada, aunque tenga la noción de que hay algo sucediendo. Como no me quiere decir, no presiono, porque…

Este es el problema estas amistades: el otro siempre sabrá que en algún momento, te contarán todo. Desde cómo empezó, hasta cuándo terminó —si es que es así—, y tú terminarás triunfante por tres cosas:

La primera: lo conoces demasiado bien.

Segundo: al final, esas cosas hacen que te tengan confianza.

Y tercero: ellos no lo resisten. Tienen que contártelo.

Y es por eso, que dejo que Jason sea un idiota, casi tan preguntón como un agente del FBI, que no para de molestarme con la chica que me gusta y ante todo eso, lo deje que se quede a dormir en casa, porque es mi mejor amigo. 


 Elizabeth.

—Hay exactamente 38 velas encendidas frente a mí—digo, con un nudo en la garganta. Nuestros rostros son iluminados solamente por el calor de unas simples candelas, con la penumbra como única acompañante—. 38, el número de años que mamá habría cumplido si hoy estuviera viva. Si le restas trece años, tendría 25. A los 25, murió en un accidente de carro. El día 23 de enero, es su cumpleaños. El 14 de febrero, nací yo. Nos dejó, el 30 de mayo. Si nos ponemos a analizar todo lo sucedido, mamá tenía sus números de la suerte y desdicha muy juntos: todos entre el 10 y el 30. En ellos, me incluía yo. Sinceramente, ya no estoy muy segura de a qué grupo pertenecía en su vida, si a su felicidad o a su tragedia. 

Papá asiente hacía mí y se levanta de su silla, dándome espacio para que yo me siente ahora. Le toca hablar a él, por lo que se coloca frente al pastel y cierra sus ojos con dolor. 

—Hay exactamente 38 velas encendidas frente a mí —dice, cerrando sus manos en puños, como si decir las palabras fuera la cosa más horrible del mundo entero—. 38, el número de años que Jocelyn habría cumplido si hoy estuviera viva. Si le restas trece años, tendría 25. A los 25, murió en un accidente de carro. El día 23 de enero, es su cumpleaños. El 17 de junio, nací yo. La conocí un martes lluvioso, en una semana de diciembre, entre el 11 y el 15. Nos casamos el 20 de mayo, 10 días antes de su cumpleaños. Si nos ponemos a analizar todo lo sucedido, Jocelyn tenía sus números de la suerte y desdicha muy juntos: todos entre el 10 y el 30. En ellos, me incluía yo. Sinceramente, yo estoy seguro de que pertenecía a su felicidad y no a su tragedia. 

Asentí con mi cabeza, casi sin convicción. Odio esta tradición tanto cómo alguien podría detestar morir quemado. Estando en esta habitación, justamente en la sala, no lo hacía mejor y mucho menos recitando esas palabras, sabiendo que cada año tenemos que hacerlo una y otra vez, aumentando 12 meses, como si el simple hecho de decir esto la fuera a revivir de entre la tierra en la que ahora se encuentra. 

Papá había creado toda esta situación hacía ya 10 años, cuando yo tenía 8. Fue en una noche fría, nublada, cuando aún él no tomaba tanto y estaba consciente de lo que sucedía a su alrededor. Sobrio, como todos los 23 desde aquel día y yo, estaba sentada en su regazo, llorando por el recuerdo de su imagen, la cual se estaba haciendo cada vez más borrosa en mi mente. Le había confesado que temía perder la noción de cómo era. 

Se había reído, creo. Me respondió con algo parecido a que eso era imposible, porque era una de esas cosas hermosas que ves una vez y ya no la puedes olvidar. Algo como la luna, que aunque desapareciera, tú no podrías dejar de pensar en sus cambiantes formas y color. Yo pensé que era totalmente cierto —sigo haciéndolo—, y nos quedamos unos segundos en silencio, oyendo cómo la lluvia comenzaba a caer. 

Rompí todo cuando le pregunté cuántos años llevaba mamá muerta y que qué día la había conocido. Comenzamos a decir números, fechas, todo lo relacionado con ella y llegamos a la conclusión de sus desdichas y felicidades. Después, dije que no estaba segura en qué grupo encajaba yo y él dijo que estaba seguro de que el suyo era la felicidad. No me dijo que yo jamás sería parte de sus tragedias. Nunca me contradijo. 

Y así, se hizo tradición. El otro año, me esperaba de nuevo, sentado en ese sillón. Y el siguiente también… Y el siguiente. Y así sucesivamente. No me desagradaba al principio, de hecho, me gustaba saber que mi padre estaría un día normal y sobrio conmigo y se preocuparía en hablar como una persona civilizada, sin embargo, todo cambió cuando yo tenía 15 años. 

Papá ya tomaba mucho para ese entonces —casi igual a cómo está ahora—, y perdía la conciencia constantemente. Yo seguía preocupándome, cuidándole y limpiando la casa, como ya se había hecho costumbre. Mamá seguía en nuestros recuerdos, pero un poco más alejada que antes y podría decirse que, a pesar de los golpes que recibía semanalmente, todo estaba controladamente bien. 

Hasta ese día. 

No sé si alguien alguna vez habrá sabido que una persona que toma demasiado, al dejar de hacerlo, puede ponerse realmente ansioso. No probar el alcohol en 24 horas es una tortura total, tanto que no pueden mantenerse queditos. Están más sensibles, más estresados, más paranoicos. Muchos sabrían eso por lógica, ¡hasta lo adivinarían fácilmente! Sin embargo…

Yo no lo sabía. 

Si no mal recuerdo, esa tarde había sido castigada en el colegio por haber “copiado” en un examen. La verdad es que ni siquiera fui yo la que lo hizo, más bien fue al contrario: me copiaron a mí. Supongo que la idiotez que cometí fue que cuando vi lo que hacía mi compañero, me fijé en su prueba para ver si tenía las mismas respuestas que yo había puesto y así fue. La cosa aquí, es que mi profesora me vio y pensó que yo lo había hecho y es más claro que el agua que él no se negó. Al final, la copiona era yo. 

Me quejé y dije que me habían plagiado a mí, sin embargo, solo hice todo peor. La señorita Hallowit dijo que era una cobarde por no aceptar mis “fechorías” y ni quería mencionar que culpara al chico de al lado, así que fue doble sentención. 

¿Lo peor de todo? 

El chico era Derek.

He aquí mi problema: como fue él quien me copió y yo traté de defenderme, todo me trajo consecuencias. Claramente no iba a dejar pasar que YO traté de acusarlo y mucho menos que no quisiera dejarle mis respuestas, por lo que más tarde, tuve varios… castigos más. 

En fin, mi punto es el siguiente: como era doble detención, era más tiempo el que perdía y llegaba mucho más tarde a casa. No pensé que fuese a afectar en nada, ya que después de todo, mi padre estaría sobrio y entendería que por alguna razón me había retrasado y lo más posible es que esperara pacientemente por mí. Sí, era lo más posible. 

Y aun así, me equivoqué. 

Cuando finalmente me dejaron ir, salí corriendo a casa; tropecé, caí, me levanté, seguí y llegué. Abrí la puerta tal cual chica apresurada y con una sonrisa, entré a la sala, esperando verlo allí, esperando por mí. 

No fue así. Lo que me encontré fue algo totalmente diferente. 

Papá estaba caminando de un lado a otro, sus ojos inyectados en sangre; se había preocupado tanto por mí, que tomó para olvidar. Cuando me vio, me tiró al piso y exigió respuestas. ¿Dónde estuviste? ¿Con quién? ¿Cómo? ¿Cuándo? Fue todo muy rápido. En cuanto menos lo supe, estaba siendo arrastrada a mi cuarto, literalmente jalada del pelo. Me gritaba en el oído, me decía que temía haberme perdido. Que no lo volviese a asustar así. Que me castigaría de una peor forma si volvía a pasar. 

Cuando llegamos a mi cuarto, me tiró a la cama y me golpeó en una pierna, creo. Sé que el morete duró semanas. Me hizo prometerle que no volvería a llegar tarde nunca más o si no, me tendría que atener a las consecuencias. 

Hoy, llegué 1 minuto antes. Estaba casi preparado para volverse loco, hasta que oyó la puerta abrirse. Es por eso que me puse paranoica con Trey y la hora; esa es la razón por la cual atrasarme no era una opción viable. 

Porque no quiero saber cuáles son las conclusiones que me esperan de ello. Y aun así, odio este día, por el simple hecho de que no sé lo que hará exactamente. Cuando está borracho sé que grita, pega, duerme o cae inconsciente, sin embargo, cuando está sobrio, puede hacer cualquier cosa. 

¿Saben qué es lo más destructivo que podría pasarme? Que me pegue cuando no ha tomado ni un sorbo de nada. Y, ¿por qué? Porque si lo hiciera, significaría que su borrachera no es la excusa por su comportamiento, sino que simplemente se ha convertido en un hombre que le pega a su propia hija por rencor al pasado y dolor por lo sucedido. 

Me estremezco de tan solo pensar en ello, si quiera tratando de imaginarme lo feo que se sentiría en mi interior. No tanto por lo físico, sino por lo dañado que llegaría a estar mi corazón. 

—Pertenezco a su felicidad —concluye papá, para antes de soplar las velas. Tengo que levantarme y decir lo que pienso para lograr apagarlas. 

Suspiro. Detesto esto.

—No sé a qué pertenezco —susurro, espirando el aire de mis pulmones para dejar ir el fuego de las pequeñas y alargadas candelas, que ya comenzaban a derretirse. Las observo con nostalgia y tristeza a la vez, mientras siento a mi padre sentarse en su sillón predilecto. Me quedo unos segundos en silencio, hasta que finalmente me vuelvo hacia él, quien me ve con ojos melancólicos. 

—¿Cómo es que estás tan seguro de que fuiste parte de sus alegrías y no de sus desdichas? —pregunto, casi inaudiblemente. De un pronto a otro, me siento exhausta y caigo al suelo, sentándome en una posición de indio. Dejo que mis manos vayan hasta mi frente, sosteniéndome.

Siento su mirada sobre mí.

—Simplemente lo sé. Nos amábamos demasiado. 

Levanto rápidamente mis ojos para verlo fijamente. Mi mandíbula se aprieta suavemente. 

—¿Y cómo es que yo no sé si soy parte de su felicidad? ¿Acaso no me amaba lo suficiente como para que yo lo sepa?

Me mira unos segundos, pensando en qué decir. Después se desvía y se concentra en la pared, oyendo el reloj hacer “tic tac, tic tac”. 

—No es que no te amara lo suficiente. Tal vez… puede que… si tú no… —da un sonido frustrado, pasando una mano por su cabello—, nada, Eli. Nada. 

Observo el pastel unos segundos, un pastel que no comerá y que seguramente terminará siendo mi desayuno el día en que muera de hambre, un poco ya pasado de fecha. Finalmente, me obligo a prestarle toda mi atención y entrecierro mis ojos, preparándome para las palabras que seguramente recibiré.

—¿Qué? ¿Si yo no qué?

Aprieta su mandíbula obstinadamente, analizándome de forma cautelosa. Algo se mueve en su labio inferior. Se está enojando. 

—Puede que si no hubieras insistido tanto aquel día en ese picnic, ella estuviera viva… O si nos hubiésemos protegido… Tú… Jocelyn. No lo sé —termina, sin poder verme. 

¿Recuerdan esas sensaciones que sentí con Trey? ¿Esa electricidad cálida y fuerte que llenó mi corazón con cosas lindas que nunca antes había sentido?  ¿Las mariposas que invadieron mi estómago?

Creo que las voy a vomitar. 

Mis ojos instantáneamente se llenan de lágrimas, se me nubla la vista, los brazos no me responden. Un nudo se forma en mi garganta, tan grande, tan gigantesco, que juro nunca haberlo sentido antes. Mis labios tiemblan y mis manos… Dios, mis manos se cierran y se abren como si el simple hecho de estar respirando no fuera suficiente y ocupara salir de allí. Quiero llorar. Quiero gritar. Quiero irme de ahí. 

Y sin embargo, me quedo y contengo todo, simplemente para darle una oportunidad. 

—¿Bebiste hoy? 

Sus ojos parecen querer salir de sus órbitas ante mis palabras. 

—¡Sabes que no bebo en el cumpleaños de tu madre! 

Sorbo por la nariz, negándome a llorar aun. Elevo mi cabeza un poco más, tratando de mantener mi orgullo, de parecer valiente, cuando por dentro muero del miedo; temo tanto física como psicológicamente y a pesar de todo, sigo aquí, queriendo saber todo. 

—Entonces, tú… me culpas. 

Se levanta rápidamente de su sitio y me encojo un poco, casi imperceptiblemente. Camina de un lado a otro, haciendo sus manos puños.

—No te culpo, tan solo… Pienso que si las cosas hubiesen sido diferentes, podría seguir aquí. Conmigo. 

Una risa cínica se arrastra por mi garganta, pasándole al nudo que está alojado allí. Dejo caer el cabello en mi rostro, llevando mis manos hasta mi cuello, tratando de calmarme. 

—Pero no con nosotros. —finalizo, diciendo las palabras que él no se atrevió a decir. Se detuvo en ese instante y aun cuando me miró fijamente, el dolor que vi en sus ojos se superaba con otra cosa más punzante: la sinceridad. 

Verán, se supone que los padres normales harían cualquier cosa por ti. Saldrían adelante por la simpleza de tu existencia y porque “eres su vida”. El “pero” que tiene esta teoría en mi caso, es que yo no soy la vida de papá. Su vida, era mamá…

Y yo, desgraciada e inocentemente, le quité lo más importante que alguna vez tuvo y tendrá. Por eso, se estancó y es por eso que no avanzó y nos sacó del hueco en el que nos encontramos. Y aunque no lo culpo por ello —porque sé que es duro—, creo que hubo algo egoísta en sus acciones. En no pensar en mí, cuando yo me dedico a él. Y en estar tan seguro de que el único que sufre es él, cuando yo he vivido casi lo mismo. 

Eso, saber todo lo que yo sé y por último enterarme de que él sí me culpa, te destroza. Tanto fuera como por dentro. La aflicción que me invade es indescriptible. Algo así como ser picada por una víbora en el pecho e ir sintiendo poco a poco cómo el veneno te llena poco a poco. Gota por gota. Centímetro a centímetro. Cada arteria llenándose de algo horroroso que no podría ni deseárselo a mi peor enemigo. Un sentimiento que sé que nunca, jamás podré olvidar, pero que sin embargo, quiero dejar en el pasado. 

—Elizabeth, no es algo por lo que debas preocuparte. Yo no sé ya lo que digo o pienso o…

Me levanto a cómo puedo —porque no siento mis piernas—, y lo veo fijamente, enderezándome o tratando de hacerlo. Espero que vea mis ojos, quiero que lo haga y que pueda observar cómo estoy conteniendo las lágrimas y lo mucho que deseo…

Que deseo…

Algo que una hija, no debería desear. 

—No digas más, por favor. —le digo, mientras me dirijo hacia arriba—Voy a dormir. Buenas noches. 

Escucho sus pasos detrás de mí, tratando de alcanzarme. Subo más rápido. 

—Eli, yo…

—¡Buenas noches! —grito, corriendo por el pasillo del segundo piso. Cierro la puerta de mi habitación con agilidad y me apoyo contra la puerta, respirando profundamente. El olor a madera inunda mi nariz y me deslizo lentamente contra el frío material, cayendo en el suelo. Mientras tanto, una lágrima se resbala en mi mejilla, saliendo libre de su cautiverio. Luego otra le sigue y otra… Y otra. 

Cuando me doy cuenta, el nudo en la garganta tan gigantesco que tenía incrustado se ha liberado y todo comienza a salir. Los sollozos son tan altos, tan horrendos, tan brutales, que sé que debo irme, que no puedo mantenerme en ese pequeño espacio de cuarto donde sé que me escuchará llorar por toda la noche. 

Rápidamente, corro hacia mi cama y tomo la sábana y una almohada y voy hasta el balcón, que da directamente al jardín. Aunque es alto, sé que no es una caída peligrosa porque ya lo he hecho, y tiro todo antes de tirarme yo. Caigo grácilmente en el zacate y acomodo rápidamente mi cobija en el suelo, desparramándome en ella al instante. 

Espero unos segundos, dejando que los grillos vuelvan a cantar para llenar a mis oídos de sus hermosos cantos. Los árboles hacen su acompañamiento, rozándose unos a otros. Las hojas bailan. Las estrellas brillan. La luna me observa… 

Mis lágrimas caen libremente y ahora sí, lloro con fiereza. Gota por gota se deslizan, bailan en mis cachetes y terminan en mi mandíbula. Pareciera que ellas se divierten, mientras que yo sufro internamente. Grito contra la almohada, le golpeo con fuerza. Me revuelco en mi cama improvisada y dejo que unos pedazos de zacate se mezclen en mi cabello y finalmente me vuelvo y observo el cielo negro con puntos blancos fijamente. 

—¿¡Por qué!? —grito, casi sin ver por el montón de lamentos que salen de mi mirada— ¿Por qué te fuiste? ¿¡Por qué nos dejaste así!? Con tanta duda… Con tanto… sufrimiento. 

Un sollozo parecido a un gemido sale de mi garganta. 

—Ayúdame, mamá. ¡Ayúdame! Envía algo… algo que haga… que haga… —sorbo por la nariz, tratando de decir lo que me he planteado desde hace días. No estaba muy segura de si sería verdad, pero lo que mi cuerpo siente me afirma mis temores. Sé que es así. —Manda algo que me haga recuperar la esperanza, porque de una vez por todas la he perdido. 

Tomo mi cabello con mis manos, sintiéndome a desfallecer. Solo quiero gritar. 

—¿¡Escuchas papá!? ¿¡Lo escuchas!? ¡Lo has logrado! Finalmente has logrado que pierda mi esperanza en un futuro. En la justicia… En la verdad. —realmente agradezco que no tengamos vecinos—. Has logrado que pierda mi esperanza en general. Ya no quiero más. No más. 

Mi garganta llega a secarse, así que decido callarme, a lo mejor esperando una respuesta divina que sé que no obtendré. Dejo que mis manos vaguen por el césped, haciendo que me calme poco a poco y me dedico a observar el cielo nocturno, pensando en lo hermosas que pueden verse las estrellas. 

Desearía ser como una, estar en el cielo. Ser libre. Sin preocupaciones, sin nada con qué aparentar o aguantar. Quisiera poder conducir y escapar. Irme hasta los fines de la tierra, con una noche infinita y un cuerpo que no tuviera que sentirse cansado. Apuesto a que si pudiese, sentiría miles de emociones mezcladas para luego ser expulsadas. Sin embargo, sé que no extrañaría a mi padre, y que la única tristeza que tendría sería la del recuerdo de mi madre, que atacaría peor que un mar de lágrimas. A la vez, sé que me sentiría libre, como un pájaro que vuela y se siente feliz de poder viajar en el aire a cómo desee. Poder, final y literalmente, ser libre.  

De un pronto a otro quisiera reír, no por lo que siento, sino porque es una tontería lo que acabo de pensar. ¿Cómo si quiera podría ser libre, si todo lo que me atormenta está al lado de la esquina? Es imposible. Es una tontería. 

Sin embargo, que sea una tontería, no la hace menos deseable. Menos anhelante. 

Mis ojos persisten en seguir viendo al cielo, a las estrellas, a la luna y mi cuerpo, quiere seguir sintiendo el suave viento que nos acaricia como una cálida madre. Se escuchan pequeños susurros de la noche, de las hojas al rozarse y el hermoso crujir del zacate cuando me muevo. Sin querer, no puedo aguantar más y me voy durmiendo poco a poco, aun con lágrimas frescas en mis mejillas y los sonidos nocturnos invadiendo mis oídos. Puedo decir que en mejores circunstancias, habría sonreído por la hermosura de todo, pero en este momento, jamás podría formar una simple curvatura. 

Siento los brazos de Morfeo al arroparme, me va llenando una oscuridad magnífica, que sé que me hará olvidar por unas cuantas horas lo sucedido; todo se está desvaneciendo y finalmente, voy cayendo dormida, lenta y dulcemente, viendo como última cosa, el cielo y escuchando el susurro de los árboles. 

Te quiero, Elizabeth, te quiero. 

Extrañamente —y sin saber si fue producto del cansancio y el dolor—, eso fue lo último que escuché, antes de caer profundamente dormida.

 
 PD: LO LOGRÉ! ;D Terminé :3 Espero les guste y comenten ;3

8 comentarios :

  1. kjhrarakththlahgawhrjg oh meeeeel, locaaa, akjdfhdfhj cuanto extrañaba a estos dos ♥ y jason akjfhadjkfh alguien va a tener que dar muchas explicaciones aca e.e akjhdakjhf Casii me haces llorar D: bah, no llore porque tengo gente y llorar de la nada... pensarian que soy mas loca de lo normal u.u Cada vez me cae peor el padre de lyz T.T

    Pd: Quiero el cap 14 ya(?) okno
    Pd2: Tengo sueño u.u
    Pd3: Vivan los chicles kajdhjafh
    Pd4: Y que viva el amor(? akjfhkfh

    Besos, cami :3

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    1. Aslkjfsldkjflskdjf, Camiiiiiiiiiiiiii♥ Me alegra que sigas amándolos x3 Y bueno, Jason tiene que responder varias preguntas O.O Jummm... *nos rascamos nuestras barbas imaginarias* xD O.O Ah, pero no lloraste ;) O sea, no estuvo tan mal(?) xD Ah, yo ya llegué a odiarlo cuando se suponía que lo iba a querer -.-

      Eeeeeeeeeen fin.
      Teeeeeeeeee mando besos y apapachos GIGANTES♥
      Mel(:

      PD: Tendrás que esperar(?) Ok sí ._.
      PD2: Yo no O.O JA!
      PD3: Los chicles son lasjdlaskjd *-*
      PD4: ¡Y QUE VIVAN LOS GATOS!♥

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  2. Ooooooh! Capiiiiiiiii!! Bieeen! A mi que Jason está enamorado de la hermana de Trey... espero equivocarme pero he tenido esa impresión.
    Y el padre de Liz... bueno sin comentario... ¿culparla a ella? De eso no hay a nadie a quien culpar... solo pasa y ya esta...
    Espero el siguiente cap!
    Besoos!!^^

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    1. Jajajaja, ¿por qué esperas equivocarte ;)? ¿No te gusta la pareja?
      Aasjflaskjdf, yo doy permiso para que lo insulten, que en este cap me quedó bien hdm (traducción: hijo de su madre xD)

      ¡Me alegra que te haya gustado, Lidia :3! Mil gracias por comentar siempre*-*

      Teeeeeeeee mando besos y apapachos GIGANTES♥
      Mel(:

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  3. Me Encanto ESpere tanto Por Un Capitulo Tuyo y Creeme Quede Satisfechaaa Simplmente Escribes Excelente Y estos personajes cada vezme mee gustaaaan mas, y Jaason Que tierno esta celoso de ese taal scoot, enserio me enencanta eesta novlaa espero ansiosa el proximo capitulo.

    Bessos Nennaa :D

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    1. Aashkjashdkas, joope perdona, que las hice esperar bastante u.u
      Me alegra mucho que te haya gustado Y MUCHO MÁS QUE QUEDARÁS SATISFECHA♥ Y me halaga tu comentario (la mayoría de tus comentarios lo hacen x3), realmente me siento feliz de que te guste mi forma de escribir :$ Y Jason... ¡CHAN CHAN CHAAAAN! Jajajaja ^^!!! Se queda en puntitos suspensivos e.e
      Trataré de traerlo pronto ^^

      Teeeeeeee mando besos y apapachos♥
      Mel(:

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  4. Bueno, hacía bastante que no me pasaba por aquí, pero ya me he puesto al día,y cielo, espero que publiques pronto porque de verdad, estoy enganchada!
    Respecto a la novela, me encanta cómo los capítulos son independientes pero a la vez dejas una intriga que yo creo que voy a soñar con Trey y Elizabeth todas las noches hasta que publiques...jaja.

    En fin Mel, espero que publiques pronto, un besito enorme<3

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  5. Nueva lectora por aquí!! :D
    Me he leído todos los capis de un tirón y me han ENCANTADO!
    Adoro la dulzura con la que Trey trata a Liz y lo rápido que ella se sonroja.
    Solo pensar que ella solo "sobrevive" (por decirlo de alguna manera) a base de los recuerdos que tiene de cuando eran una familia feliz....

    Y sobre el padre: Entiendo perfectamente que Jocelyn era su gran amor y la quería sobre todas las cosas y tal pero Liz es su hija y, segun él, es muy parecida a su madre por lo tanto lo que debería hacer es amarla y cuidarla todavía más de lo que un padre debe amar a sus hijos ya que es un regalo que ella le dejó.

    Y de Jason me encanta su personalidad. Estoy casi segura de que está loco por Rachel, pero tiene miedo de que si Trey se entera se estropearía su amistad porque él es protector con su hermanita. Si ya no le haría mucha gracia que saliera con un chico de su misma edad, no sé que diría sobre ella estando con un chico 4 años mayor por mucho que este sea su mejor amigo.

    Y ahora me despido que creo que ya me he extendido demasiado.... (primera vez que me pasa)

    Besooooos! Y sube pronto porfiiiiii! :D

    P.D.:Creo que me he puesto un poco profunda.... jejej
    P.D.2: ADORO TOTALMENTE A ROCKY!!!

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