30 de enero de 2013

Capítulo 11.

“Si amas algo, déjalo ir… Si vuelve, siempre habrá sido tuyo”.

--Anónimo.

 Trey.


Nunca había visto la enfermería en sí. En realidad, sí la había visto cuando la directora nos dio un recorrido por todo el colegio y señalaba “estas son las aulas y este de acá es el conserje…”, pero no es como si hubiese puesto toda la atención del mundo a una salita con una camilla y un color de pared azul deprimente —por no decir que casi no hay ventilación aquí y huele a pura medicina combinada con sudor… Me pregunto de dónde vendrá ese olor en específico.

Debo confesar que me siento incómodo en este pequeño cuarto. Me refiero a que, ¡casi no quepo aquí! Por todos los santos, ¿no pudieron ser un poco considerados y pensar en que un muchacho puede llegar a medir… no sé… un metro ochenta y uno? Aunque, no es como que yo mida eso… Ja, por favor…

Yo mido metro ochenta.

Viendo a Lizzie correr de un lado a otro mientras le pide cosas a la enfermera me hace casi reír. En realidad, tengo que morder el lado interior de mi mejilla para no hacerlo. Se mueve como si hubiese vivido aquí y la señora que la ayuda parece estar acostumbrada. Le pide todo lo que necesita y ella se la da sin rechistar. Me hace dudar un poco de si eso es bueno o malo, pero viéndolo mejor, Liz podría ser una gran doctora algún día.

Y hablando de ella, ya viene con todo un equipo preparado para hacerme Dios sabe qué. Creo que hasta vi una jeringa y la observo dubitativamente. Parece no darse cuenta, hasta que levanta la mirada y me dice con sus ojos miel que no la usará en mí.

Me relajo un poco ante eso, aunque no es como si me dieran miedo las inyecciones. Casi no le hago caso al dolor. Sin embargo, no sé qué tan fuerte es el líquido que hay en ella… Lo que sí sé, es que Liz parece tener experiencia en esto y por eso no estoy realmente tenso, pero no creo que haya mucho que sanar; mamá hizo todo lo posible para bajar la hinchazón. 

Como leyendo mis pensamientos, alza su mirada y me ve directamente a los ojos, un pequeño rojo carmín cerniéndose sobre sus mejillas.

Oh, esto va a ser bueno.

—Um… yo… —sus ojos se van hasta la puerta, sonrojándose todavía más—. Yo…

Mi ceja se alza con diversión.

—Liz, ¿tú qué?

Se muere el labio con vergüenza y no puedo evitar que mi mirada baje hasta ellos. Se ven tan…

—Ocupo que te quites la camisa para ver qué tan grande es el moretón —suelta de golpe, todo seguido. Me encuentro un poco aturdido porque estaba realmente cernido sobre sus labios, pero pronto reaccionó y me quito la camisa, no sin antes darme cuenta de que cada vez se va poniendo más roja.

Le sonrío mientras ladeo un poco mi cabeza.

—Listo.

Ella parpadea unas cuantas veces y observo con satisfacción como sus ojos escanean mi torso con sorpresa y luego hace como si no lo hubiese hecho, aclarándose la garganta.

—Clare, ¿podrías pasarme el spray y una gaza? —la enfermera asiente y le trae todo lo más rápido posible. Liz le sonríe con gratitud mientras murmura un “gracias” y se voltea hacía mí, con una mirada decidida.

—Esto puede llegar a doler, Trey, pero es para que sane… Además, si no lo hace, es porque tu costilla está rota y ahí habrá que llevarte a hacer radiografías, así que es el spray o llevarte al hospital…

Hago una mueca ante las elecciones. Realmente, me da un poco de pereza ir hasta allá.

—Está bien, Liz, prometo quedarme quedito.

Ella me da una pequeña sonrisa.

—Bien.

Casi sin darme tiempo a pensar, Lizzie esparce un líquido helado en la sección de mis costillas; al principio solo está frío y arde un poco, pero conforme avanza se siente como un infierno en la piel. Es tanto el ardor, que tengo que alzar mi cabeza por la sorpresa de la sensación y justamente me golpeo contra el techo.

Mis ojos se entrecierran con más dolor todavía. ¿Por qué no pueden hacer una enfermería MÁS alta?

Escucho una risa pequeña y mi mirada vuela hasta Liz, quien está tratando de no reírse por mi golpe. Me imagino cómo me debí haber visto y hago como si me estuviera enojando.

—No es gracioso, Liz.

Ella me mira con una expresión divertida y al observarme, se torna apenada.

—Um… yo… Perdón, Trey, es que… —ve a sus pies, obviamente avergonzada por reírse y yo sonrío. A veces me pregunto de dónde sacará tanta inocencia.

Con una mano, alzo su barbilla para que me vea.

—Era broma, ángel, prometí no moverme y no hice caso. Es mi culpa después de todo. —Sus mejillas se tornaron de un rosado adorable y mi sonrisa solo se ensancha más.—Ahora, sigue con esa cosa horrorosa que tienes ahí para sanarme esta costilla o terminaremos llegando tarde a clases.

Asiente y me hace caso, el silencio invadiendo la estancia. Debo confesarlo, quiero gritar por el ardor. ¿Quién diría que una pequeña botellita de medicina puede escocer tanto en la piel? Sin embargo, no hago nada. Bueno, trato de no hacerlo porque sería un poco vergonzoso ponerme aquí a quejarme como un bebé por el spray, así que solo dejo que ella haga el trabajo, ayudándole con mi quietud.

Minutos más tarde, algo que se siente un poco raro comienza a enredarse en todo mi torso y analizo con diversión como Lizzie empieza a dar vueltas a mí alrededor para que quede bien apretado. Debería sentirse orgullosa, pues la verdad, sí quedó bastante pegado al cuerpo.

Ella suspiró, con una pequeña sonrisa.

—Se supone que en unos cuántos días deberían estar sanadas, pero mañana tenemos que volver para ponerte de nuevo el spray y cambiar la gaza, ¿está bien?

Hice una mueca y me frunció el ceño.

Ahora soy yo el que suspira.

—Bien, bien. Solo por ti.

Escucho algo como un “ah…” y observo la habitación con confusión a mí alrededor. Mi mirada se cruza con la enfermera, quien me mira con ojos soñadores y una sonrisa gigantesca.

Um…

—Que pareja más linda… ¿De hace cuánto son novios? —preguntó ella, acercándose más a la camilla y dándole una palmada al hombro de Liz.

—La verdad…

—¡No somos novios! —aclaró Lizzie con rapidez. Demasiada. Sus ojos estaban abiertos de par en par y meneaba su cabeza con convicción, haciéndole saber a Clare que era más que obvio que no lo éramos.

La señora nos dio un análisis de rostros a cada uno, turnándose entre minutos para vernos mejor. Su ceño se frunció tanto que pensé que se le podrían hundir las cejas y deformarle la cara.

No literalmente, claro.

—Pero… —caminó hasta mí, tomándome del rostro y apretando mis mejillas. Clavó sus ojos en los míos y me sentí un poco incómodo. Creo que ya sé de dónde venía el olor a sudor cuando entré—. Tú…

Su cabeza se volteó hasta Liz de nuevo y luego otra vez a mi cara. Hizo algo parecido a un puchero y después, una idea cruzó por su penetrante mirada.

—Dime el nombre de la chica.

La vi con aturdimiento.

—¿Qué? —logré pronunciar entre el poco espacio que quedaba en mi boca.

—Que me digas el nombre de la chica.

Am… mis ojos buscaron los de Liz, quien se veía tan confundida como yo. Se encogió de hombros, diciéndome que no sabía qué le pasaba.

—Elizabeth.

Una sonrisa gigantesca cruzó por su rostro y sus manos finalmente dejaron mis cachetes, los cuales tuve que frotar contra el dolor. Dios, tenía manos fuertes.

Pensé que se iba a alejar una vez que estuviese contenta, sin embargo, parece que mis suposiciones estaban muy erróneas, ya que a los pocos segundos, su boca estaba prácticamente en mi oído.

Muy bien, debería aclararle ahora mismo que no tenía gusto por las señoras mayores… Me refiero a que, sí, era una enfermera bien parecida, pero no es como si estuviese interesado en un amorío raro a mis 18 años de edad. ¿Y si era casada? ¡Sería mucho peor! Luego tenía hijos y…

—Dime una cosa, muchacho… —su aliento caliente estaba casi en mi tímpano. Me estremecí—, ¿cómo sabías que hablaba justamente de ella? Dije que dijeras el nombre de la chica, no de Elizabeth.

Y así, finalmente se alejó de mí, con una felina sonrisa en su rostro. La confusión que me dejó fue inmensa. Es más, confusión no era la palabra correcta: embolia cerebral sí la era.

¿Qué cómo sabía que hablaba de ella? ¡Pero si Liz estaba allí, frente a mí! Si me pregunta por el nombre de una chica, ¡es obvio que voy a decir el de ella!

Me froté las sienes, era mejor dejar el tema.

Mis ojos se alzaron y observé como Lizzie miraba de la enfermera a mí, seguidamente. Su cara marcaba la confusión que estaba sintiendo yo ante esa situación. No entendía nada.

Pronto se acercó a mí y sus cejas se juntaron.

—Será mejor irnos de aquí. —mordió su labio, nerviosa. Mi mirada inmediatamente cayó ahí. Debería dejar de hacer eso, porque si no…—. Ponte la camisa.

Parpadeé varias veces. ¿Cuál camisa? Analicé la habitación y la encontré, tirada. ¡Ah, la camisa!

Sin tardar mucho, ya la tenía colocada donde debía ir, bajándome de la camilla con facilidad. La campana sonó en el momento en que toqué tierra y sonreí. Justo a tiempo.

—¿A qué clase vamos?

Liz hizo una mueca.

—Filosofía.

A su contrario, yo me iluminé. ¡Filosofía!

—Oh, genial. ¡Vamos!

Sin darle tiempo a oponerse, tomé su mano y entrelacé mis dedos con los de ella, asegurándola para no perderla en el camino. Casi corriendo para salir de la enfermería, le grité algo como un “gracias” a la enfermera y me fui contento de allí. Esa señora me daba escalofríos.

Liz medio me guió hasta la clase detrás de mío, pues yo prácticamente la llevaba en todo el camino y cuando llegamos, sonreí ante mi visión. Esto era lo que a mí me gustaba. Por esto era de lo que algún día viviría.

Me volteé contento hacia Lizzie, quien traía la cara enrojecida por seguirme el paso y casi jadeando por aire. Entrecerré mis ojos en una mueca; fue mi culpa.

—Oh, lo siento, ángel, no sabía que venía tan rápido.

Meneó su cabeza, dándole poca importancia.

—No… importa… —hizo un ademán hacia la clase—, entra. Entremos.

La culpa me seguía carcomiendo. No me había dado cuenta de qué tan rápido venía y había sido un largo trayecto, considerando que la enfermería estaba al otro lado del colegio. Me agaché hasta estar a la altura de su rostro rojo y planté un beso en su mejilla, más largo de lo normal.

Se sobresaltó un poco y me miró con sus grandes ojos miel en alarma, viendo después a la clase y de nuevo a mí. Yo sonreí. Era adorable.

—Las damas primero…

Su pena era palpable; entró al salón con la mirada gacha, saludando al profesor con timidez y sentándose en su asiento en una sentada. Cuando entré del todo, muchos me veían con incredulidad y otras, podría decirse que suspiraban un poco. No me pregunten la razón de ello, aunque estoy bastante seguro del por qué.

Busqué al profesor, quien se encontraba en su escritorio, mirándome fijamente con una sonrisa en sus labios. Era joven, tal vez de unos 25 años o algo así y bien parecido. Sus ojos eran de un color índigo —bastante impresionantes—, y era más o menos de mi altura. Su cabello tenía una tonalidad de negro azabache y unos anteojos colgaban del puente de su nariz, los cuales se elevaron con la sonrisa que me dio.

—Me parece que tenemos alguien nuevo por aquí… —sus cejas se elevaron con diversión y yo le devolví la sonrisa—. Si terminamos con las muestras de afección, muchacho, me alegraría mucho que nos honrara con la presentación de su persona.

Reí ante su declaración, divertido por él y su soltura al hablar. Estaba seguro de que casi toda la clase sabía bien quién era yo, pero aun así, me presenté de nuevo.

—Mi nombre es Trey Petryfork, un gusto.

Él me dio una inclinación de cabeza, una media sonrisa formándose en su rostro.

—Muy bien, Trey Petryfork, ve a sentarte en la primera fila, segundo asiento.

Asintiendo, me dirigí hasta mi pupitre, analizando los que estaban a mí alrededor y dándome cuenta de que Liz estaba como a 3 filas después de mí. Una mueca apareció en mis labios. No me había dado cuenta de eso, estaba demasiado lejos.

Cerré mis ojos, tratando de calmarme. Dios, ¿por qué me ponía así? No es como si tuviese que estar todo el tiempo a su lado, ¿no? Podría quedarme ahí, tranquilo y escuchar al profesor hablar de lo que más me gusta. A puesto a que hasta llego a sofocar a Liz con mi cercanía; estar un poco lejos no nos haría mal, o bueno, eso creo…

Meneé mi cabeza, tratando de tranquilizarme. Estaba en filosofía, ¡amaba esta clase! Además, el profesor ya estaba explicando un tema raro y tenía que prestar atención para entender. Concentrándome lo más que pude, fijé mi vista en la pizarra, esperando que la explicación de hoy fuera de mi agrado, sin embargo…

No pude evitar que mis ojos volaran al hermoso cabello pelirrojo de Liz.

2 horas más tarde…

Era oficial. Amaba a este profesor. ¡Daba temas geniales! Habló de todo un poco, sobre el amor y la oscuridad, del romanticismo y hasta un poco del famoso y genial Oscar Wilde. Me mantuvo con los ojos pegados al frente, escuchando cada palabra que decía sobre ello y riéndome de algunos chistes que hacía, al igual que varios de la clase. Siempre había de todo, algunos bostezaban, otros veían a la ventana y muchos simplemente parecían prestar atención cuando no lo hacían; Liz veía a la ventana, lo noté. Sus ojos miel vagaban, pensando en otras cosas y medio escuchando de lo que se hablaba. A veces hacía muecas, pareciendo estar realmente aburrida y casi haciéndome reír por nada, pero es que se veía de lo más divertida.

—Por último… —pronunció finalmente el profesor—, les dejaré una pequeña tarea…

La clase gimió, protestando. Él sonrío felinamente, como si la sola idea de torturarnos con trabajos en casa le fascinara.

—Quiero que hagan un ensayo sobre una frase en específico.

—El mínimo es de 5 páginas, no quiero nada de 1 hoja o algo así, eso es mediocridad y falta remarcar que no lo aceptaré —ante esa frase, bajó sus anteojos hasta el puente de su nariz, viéndonos a todos de una mejor forma—. La frase de la que tienen que hablar es la siguiente: “Si amas algo, déjalo ir… Si vuelve, siempre habrá sido tuyo”.

Mis cejas se alzaron en sorpresa. Ah, una frase interesante.

El profesor se bajó del escritorio, moviéndose a través del aula, aun con una mirada escrutadora en sus ojos, más severa que nada.

—¡Quiero opiniones! ¡Críticas! ¡Pensamientos guardados! ¿Están de acuerdo con la frase? ¿La odian? ¿La aman? ¿¡La aplicarían en alguna situación!? —movía sus manos con soltura, hablando con pasión, una muy grande—. ¿Quién pensaría en una cosa así? ¿Por qué dejarlo ir? ¡No quiero que sean monótonos, quiero diversidad! ¿Queda claro?

Todos murmuraron un “sí” y la campana sonó. Muchos suspiraron de alegría, otros salieron casi corriendo y yo, salí con paciencia de la clase. Realmente me había gustado.

Finalmente me acerqué hasta Lizzie, quien se había quedado pensativa en su escritorio. Mordía su labio con preocupación y me pregunté qué sería lo que la había puesto así.

Alzó su vista para verme ahí, sonriéndole. Me devolvió el gesto con una pequeña sonrisa por su parte.

—¿Vamos? —pregunté, tendiéndole la mano para levantarla.

Asintió, tomándola.

—Vamos…

Me despedí del profesor mientras salíamos, quien me veía con curiosidad y luego sonrío, despidiéndose con un ademán de manos.

Cuando estuvimos caminando por el pasillo, dirigiéndonos a los casilleros, me fijé en ella, que iba mirando hacia el suelo sumida en sus pensamientos. Tenía el cejo fruncido, pensando duramente en algo. Pensé en no preguntarle, tratar de no inmiscuirme, sin embargo, no lo logré.

—¿Qué te preocupa, Lizzie?

Me observó, aturdida. Pareció no entender hasta que su mente procesó las palabras.

—Nada, nada…

Rodé mis ojos.

—Claro que te pasa algo, te he visto desde que salimos de clases. ¿Qué anda mal?

Vaciló. Parecía reacia a decirme, pero finalmente suspiró y me vio a los ojos.

—No soy buena en nada sobre letras… Te lo había dicho. Filosofía es una de ellas. Me cuesta, me aburre, no entiendo casi nada de lo que hablan. ¿Si amas algo, déjalo ir? ¡Yo no sé qué poner sobre eso! —la frustración se marcaba en su voz—. Mucho menos 5 páginas, ¡aplazaré la materia si sigo así!

Fruncí mi ceño, tratando de ver el drama aquí. ¿Por qué no me pedía ayuda? Habíamos quedado en que así sería.

—Pero, Liz, yo te puedo ayudar…

Sus ojos resplandecieron y luego brillaron con vergüenza.

—Ya, pero me da pena…

Nos detuvimos en nuestros casilleros, donde aproveché y la vi a los ojos para que viera que hablaba en serio.

—Dijimos que nos ayudaríamos mutuamente, ¿no? Tú en matemática y yo en español, pues… Ahora será también en filosofía. Si es para la otra clase, será hasta la próxima semana, pero si quieres puedo ayudarte hoy mismo.

Un silencio la invadió. Sé que lo estaba pensando, en decirme si sí o si no, sin embargo, si me decía que no, no dejaría de insistirle, porque sé que ocupa ayuda.

Finalmente, asintió.

—Está bien, hoy después de clases.

Sonreí, guiñándole un ojo.

—No te arrepentirás… —las comisuras de sus labios se levantaron, sonriendo de una forma muy pequeña—. Podemos ir a la biblioteca, pero me tendrás que enseñar dónde es, ¿te parece?

—Sí, claro…

Volví a sonreírle, ladeando mi cabeza un poco para que pudiera verla bien a través de la puerta del casillero y ella se sonrojó, aunque esta vez no entendí el por qué.

—Tienes una linda sonrisa… —me dijo, para mí sorpresa. La vi con ojos sorprendidos.

—Bueno, tú tienes unos ojos preciosos, ángel.

El rojo carmín que sabía que se apoderaría de ella apareció. Sonreí con ironía y cerré la puerta del casillero, listo para irme a otra clase antes de que sonara la campana.

Y listo para pasar una buena tarde con Lizzie. 


 Elizabeth.
 
El timbre sonó y yo me revolví en mi asiento. Era hora de las clases con Trey. Realmente no sabía si aceptar o no, debido a que mi padre está sobrio y lo más posible es que me esté esperando en casa,  pero a la vez, él no sabe a qué hora salgo del colegio, así que no tendría razones por las cuales regañarme o interrogarme al llegar tarde; la verdad, prefería que el tiempo fuese más lento para no tener que verlo, porque aunque estuviera sobrio, su imagen pulcra solo me recordaba al hombre que volvería a ser en cuestión de días: un borracho que al parecer, ni se acuerda de que existo.

Sumida en mis pensamientos, me dirijo hacia la puerta de la clase, deteniéndome a centímetros del umbral y entrando en pánico. ¿Dónde me encontraría con Trey? ¿Tenía que ir a buscarlo en su clase? ¿O nos veíamos en los casilleros? ¿Dónde iba? ¿A la biblioteca?

Mis compañeros me pasaron casi por encima, debido a que no me movía; decían cosas parecidas a “muévete” o “¿por qué te quedas parada como estúpida allí?” pero realmente no les puse mucha atención, estaba pensando en qué hacer. 

Finalmente me moví, solo para ver a Trey llegando en frente de mí, jadeando un poco por alguna razón. Me observó con una pequeña sonrisa cansada, sosteniendo papel y un bolígrafo en sus manos. 

—Bien, llegué a tiempo.

Fruncí mi ceño.

—¿Viniste corriendo?

Él asintió, enderezándose un poco en su lugar.

—Sí, quería asegurarme de que no me dejarías abandonado en el colegio. 

Hice una mueca.

—Yo jamás haría eso, ¿por qué iba de hacerlo?

Se encogió de hombros.

—Como te dije, era para asegurar, ángel. No te enfades.

Meneé mi cabeza, sonriendo un poco.

—No me enfadé. 

Sonrío.

—Bien, ya que estamos maravillosamente … —me regaló una mirada de quien no quiere la cosa, pero a la vez sí—. ¿Me permitiría ser llevado a la biblioteca, señorita Elizabeth?

Di una pequeña carcajada. 

—Sí, señor. 

Colocó su brazo en una posición elegante, dictándome que pusiera mis manos en él para ser llevada. Ahora reí mucho más, solo que tontamente. Meneando mi cabeza con diversión, las puse en su brazo como él quería. 

Le di direcciones de dónde y cómo debía ir para llegar a la biblioteca, ya que estaba en el segundo piso del colegio. Asintió, dándome a saber que entendía y seguimos caminando, sus bíceps resaltando entre mis dedos. Aspiré por un poco de aire. No había pensado en lo fuerte que eran; lo imaginé, claro está, porque el tenis da resultados como esos, sin embargo, supongo que jamás tomé en cuenta que algún día los tocaría… 

Me sonrojo notablemente ante mis pensamientos y aparto la mirada para que él no lo note, porque si no, me dirá qué es lo que hizo para que yo me pusiera así y… y… Y no podría mentirle… Tendría que decirle lo que pensé y…

Oh Dios, ¡deja de sonrojarte Elizabeth!

Okay, mis indicaciones parecen hacer todo lo contrario. ¿Qué hago ahora? No puede verme así… 

¡El pelo! 

Con cuidado, dejo que mis cabellos cubran mi cabeza, viendo hacia mis zapatos. ¡Bien! Así no verá nada. 

Caminamos un poco más y entonces, siento como se detiene. Frunzo mi ceño, ¿por qué lo hizo? No hemos subido las escaleras así que no hemos llegado.

Un pequeño pellizco en mi espalda me sobresalta, haciendo que me enderecé inmediatamente. Me encuentro con un Trey sonriente, pero con las cejas juntas en frustración.

—Te he dicho que si haces eso, te jorobaras. —rueda sus grandes ojos verdes hacía mí, colocando su mano ahora suelta de la mía en mi espalda baja y yo cierro los ojos, tratando de que no vea lo que está haciéndole a mi rostro.

—Ya está; así no encogerás nunca más. 

Lo miro con sorpresa y temor a la vez. 

—¿¡Nunca más!? —mi voz sale como un chillido—. ¿Te refieres a que siempre tendrás tu mano ahí?

Su ceja se alza con ironía y luego con preocupación.

—¿Está muy baja ahí? —la sube un poco, casi llegando hasta mis omoplatos—. ¿Qué tal en esa parte? No quería parecer un pervertido poniéndola tan abajo, no me di cuenta…

Meneo mi cabeza, aturdida.

—Estaba bien desde el principio —siento como se relaja, bajando su mano a la misma altura—, tan solo… Me sorprendió. 

Parpadea unas cuantas veces, no viendo por qué me sorprendí y luego se encoje de hombros.

—Estoy seguro de que no te volverás a jorobar. 

Trago saliva. No, no me volveré a jorobar, pero las probabilidades de sonrojo serán mucho más altas que antes y eso es decir mucho. 

Comenzamos a caminar de nuevo, esta vez alcanzando las escaleras pulcramente limpias y subiendo una por una, no con mucha prisa. No se oye ni un alma en el colegio, solo alguna gente que practica para la banda y si agudizas realmente tu oído, escucharás a las porristas practicar, sin embargo, quitando eso, no hay nadie. Lo prefiero así, no me tengo que esconder o preocupar de nadie. 

Finalmente, llegamos a la biblioteca, por la cual tengo cierto enamoramiento. No es porque me guste leer, porque en realidad no es lo mío, pero amo el espacio. Tiene grandes ventanales que dan una gran vista a zona verde y árboles gigantes. Las estanterías son de una madera caoba, desgastadas a propósito, dándole un aspecto viejo, aunque grandioso. Da aire de superioridad. Y no me hagan hablar de las mesas, ¡son gigantescas! Y tiene unas sillas en las que podrías quedarte dormida. 

No es como si yo lo hubiese hecho…

Normalmente la bibliotecaria está en su mesa de metal, a un lado, en la izquierda, pero su jornada ha terminado, así que realmente estamos solos. Podrían pensar que se debería cerrar si ella ya se fue, sin embargo, los directivos tienen en claro que, a veces, los alumnos ocupamos venir después de clases, por lo que la privacidad es cierto lujo…

Bueno, no puedo decir que estamos completamente solos. Hay cámaras por todos lados, eso sí es escalofriante, pero luego te acostumbras. 

Trey parece haberse enamorado igual que yo de la habitación. Sus ojos no paran de ver de un lado a otro, como si no pudiesen decidirse. 

Yo me acerco a una mesa cerca de las ventanas, sentándome en la silla mientras le doy tiempo para que contemple las paredes rojizas, el suelo de madera oscura y los hermosos brocados en los pasillos. Creo que, este lugar podría ser el paraíso de todo buen lector, más si está en su colegio; lastimosamente, mis compañeros no lo aprecian tanto como nosotros, pues… No les interesa. 

Finalmente —y con una gran sonrisa en su rostro—, Trey camina hasta mí, impresionado.

—Wow… es… genial. 

Asiento, dándole la razón.

—Lo sé, amo venir aquí.

—Ya veo por qué… —dice, mientras toma asiento al frente mío. Da una última ojeada la biblioteca y luego, su mirada se centra en mí, tan decidida como cuando juega en la cancha—. Muy bien, Liz. Traje papel y tres bolígrafos, esto es para…

Frunzo mi ceño con confusión.

—¿Tres? —digo, interrumpiéndolo. Me ve con ojos interrogativos—. ¿Por qué tres? Somos 2 personas. 

Una media sonrisa se forma en sus labios. Oh… nunca había visto ese tipo de sonrisa en él. No puedo evitar verla un poco embobada.

—Si alguno de los dos lapiceros que usaremos falla, entonces tendremos uno de repuesto. —Ah… con que era por eso…—Como decía, esto es para que apuntes lo que te voy explicando y así no se te olvide a la hora de pasarlo a papel o computadora, cuando hagas el ensayo. 

Asiento, entendiendo bien. Él junta sus manos, me ve directamente a los ojos y alza su ceja con expectativa.

—Bien, dime Lizzie, ¿qué es lo que no entiendes de la frase? Oh y apúntala, se te puede olvidar… —me tiende papel y bolígrafo y yo me pongo a escribir.
Pero se me olvidó la frase. 

Con un poco de pena, lo observo.

—Am… ¿cuál era la frase?

Trey ríe, divertido.

—Si amas algo, déjalo ir. —lo apunto con rapidez—Si vuelve, siempre habrá sido tuyo.

Sonrío con satisfacción. Listo. 

—Bien, ya que la tienes bien apuntada… Dime, ¿qué pasa con la frase?

Hago una mueca y suspiro.

—Toda en sí… Me refiero a que, no es que no la comprenda, pero… ¿¡5 páginas!? ¿¡En serio!? ¿Qué diré en todo ese espacio? —mi cabeza cae contra el escritorio. Es frustrante—. No soy buena escribiendo y menos con un tema como el “amor”. ¿Qué diré? “La frase habla sobre que cuando amas a algo, debes dejarlo ir para saber si es tuyo o no”. ¡Por favor! Es patético.

Una gran sonrisa se esparce por su rostro y hace que levante mi cabeza. Aparta la mirada hacia la ventana, pensando en sus palabras y luego, parece estar listo para hablar. 

—Creo que 5 páginas en un tema como este, son pocas, Liz. —abro mis ojos como platos. ¿Pocas? —Esa frase se puede ver de miles de maneras. 

Ruedo mis ojos.

—¿Cuáles otras?

—Ah, no haré el trabajo por ti. Primero dime lo que tú piensas de la frase. 

Expulso un poco de aire a través de mis labios, haciendo que mi fleco vuele hacia arriba. Trey lo sigue con diversión.

—Creo que… es estúpida. 

Pensé que se sorprendería, que diría que está mal, sin embargo, no se inmutó.

—¿Y por qué la consideras estúpida, Liz?

Pensé unos segundos. 

—Porque si amas algo, no deberías dejarlo ir, deberías quedarte con ello y no soltarlo, por la simple razón de que lo amas, ¿no lo crees?

Él asintió.

—Apunta eso. —le hice caso, haciendo lo que me decía—. Esa teoría podría ser toda una primera página o por lo menos la mitad de ella. Solo necesitas fundamentos y eso lo encontrarás cuando te encuentres frente a la hoja en blanco, créeme. 

No creí mucho en eso, pero por ahora, escucharía. 

—¿Tú piensas igual que yo?

Entrecerró sus ojos hacia mí, pensando y luego, meneó su cabeza. Me sorprendí un poco, pensé que tendría la misma mentalidad.

—Creo que depende de la situación. De hecho, esta frase tiene miles de teorías que se pueden colocar en el ensayo.

Sé que no debería preguntar, porque sería averiguar por su trabajo, sin embargo, me muero de curiosidad por saber qué es lo que piensa sobre este tema.

—¿Cómo cuáles?

Se apoya entre sus puños cerrados, dándose un aspecto… pensativo. Sabio, en otras palabras.

—Una de ellas, la más común aplicada en esta frase, creo, sería que una de las personas en la pareja no se sienten “lo suficientemente buenas” para la otra. Piensan que al estar con él o ella, lo único que hacen es hacerles un mal y aunque pasan años en noviazgo, en algún momento, tienden a enloquecer y dejar al otro, sabiendo que será lo mejor. Pensándolo, más bien. Se dicen a sí mismos que el único que sufrirá es él mismo y pronto, el otro estará mejor… —sus ojos me sonríen—. Al final, hay dos opciones: o tenían razón y la otra persona sale adelante, dándose cuenta de que sí le hacía mal o…

¿O? ¿¡Qué!? ¿¡Cuál es la otra opción!?

—O… —digo interrogativamente. 

—O vuelven hacia ellos, jamás rindiéndose porque saben que se aman. “Siempre habrá sido tuyo”. No se rindió, porque no puede dejar de amarle. Es suyo y la otra persona es de él o ella. Se pertenecen. 

Hago una mueca. Me encantó la teoría, pero sigo sin verle sentido. Aun así, la apunto. 

Él me da una mirada curiosa.

—¿No estás de acuerdo?

—No, sigo firme en ello… ¿Por qué no serían lo suficientemente buenos el uno para el otro? Si están juntos es por algo, ¿no?

Se encoge de hombros.

—Hay que tomar varios factores en ello, Liz… —vuelve su mirada hacia la ventana, como perdido—. A veces, el otro puede considerarse peligroso por la vida que lleva. Tal vez, la chica tuvo una infancia difícil y ahora no cree merecer el amor de nadie. A lo mejor, uno de ellos es huérfano o adoptado y piensa que nadie lo quiere de verdad. Todo tiene una cierta lógica. Y apunta esto también.

Escribo todo con rapidez, pero mi mente se encuentra en otro lado, pensando en Trey. La forma en que está hablando es tan diferente… Tan serena, tan seria. Es otro él. Está tan pensativo y sus ojos demuestran una sabiduría inmensa para su edad. Me pregunto cómo sabe todo esto.

—Sabes, también puede ser de otras cosas, no necesariamente de personas —vuelve a fijar su mirada en mí—. Por ejemplo, si tienes un tigre de mascota, puedes llegar a amarlo y hasta pensar que él es tu mejor amigo, pero en algún momento, podrías verte obligada a dejarlo ir para que se desarrolle en su hábitat y entonces, sabrás que lo hiciste por su bien, pensando que no lo verás más. Luego, un día, podrías llevarte la gran sorpresa de verlo de nuevo en tu puerta, buscando por su primera amiga en años. Se aplica ahí y con todas las mascotas que haya. 

Una sonrisa se dibujó en mis labios. Me gustó esa teoría. Pronto, pasó a estar en la hoja bajo mis manos.

—Entonces, tu conclusión aquí es —dije, aventurándome para aportar algo yo—, que normalmente, la frase tiene mucha razón. 

Sus ojos volvieron a volar hacia el paisaje en el ventanal. Hice lo mismo, para ver si había algo extraordinario, sin embargo, no lo había. Lo observé, esperando una respuesta, pero él seguía ahí, pensando. Pude ver como su garganta tragó duramente y finalmente, justo cuando pensé que ya había terminado de hablar, me miró…

—No siempre tiene la razón. —la convicción en su voz me sorprendió. Por alguna razón, supe que estaba tocando un territorio prohibido, pero la curiosidad realmente se había apoderado de mí hoy, porque quería saber qué pasaba en su mente.

—¿No?

Meneó su cabeza. 

—Por ejemplo, no puedo verle el sentido a esta frase, si un padre y esposo abandona a su esposa con 2 hijos, uno de ellos, con 2 semanas de nacida y el otro, con 5 años, cuando él es el único que sustenta al hogar y trabaja, habiendo convencido a su esposa de no trabajar, ya que él los mantendría… —su mandíbula se endureció de una manera estremecedora. Cuando vi a sus ojos, vi algo que jamás había visto en Trey: dolor. Más que dolor, indignación y remordimiento.— No le veo el sentido, porque, ¿por qué los abandonaría? ¿Si juro amor eterno a su mujer frente a una iglesia, frente a Dios, por qué se iría de un día a otro, sin despedirse de su hijo y diciéndole a su esposa que la amaba, pero que no seguiría? 

Todo en él estaba tan tenso. Mis manos picaban por tocarlo, para relajarlo.

—La amaba —escupió las palabas con desprecio—. Yo no veo el amor ahí, ¿por qué irse si la amaba? ¿Por qué irse si tenía una familia por delante?

Mi corazón se estrujó. Estoy segura de que lo personal se había mezclado con el trabajo.

—Tal vez tenía sus razones, como todas las otras teorías, ¿no crees? —pregunté con suavidad, tratando de ver si lo hacía razonar. 

No se inmutó.

—Claro, tenía sus razones. —una sonrisa sardónica se esparció por sus labios—. ¿Te digo la principal? No quería una hija. Quería otro hijo. 

Mis ojos se abrieron con una sorpresa inmensa.

—¿¡Tu padre se fue por qué!? —Ups. Okay, se supone que no sé que es sobre su padre, pero… Es un tanto obvio.  Esperé que se enojara conmigo por la pregunta tan directa, sin embargo, no lo hizo.

Asintió, cerrando sus ojos.

—Cuando yo nací, papá estaba feliz porque era un hombre y llevaría el apellido Petryfork para expandir en el mundo… Luego, a los 5 años, nació Rach —dio una carcajada sin humor—. Esperó durante todo el embarazo para ver si era hombre y le advirtió a mamá, que si era una mujer, no se quedaría para criarla, porque él no quería mujeres. Él quería hombres que trabajaran, que se forjaran, que fueran criados para ser como él. 

Sus ojos destellaban tanto desprecio. .

—Era tan malditamente machista, que cuando ella nació, no quiso sostenerla. Mamá se preocupó, pero pensó que tal vez se acostumbraría, eso debió haber hecho y sin embargo… Se fue cuando ya estaba instalada en casa. Le dijo a mamá que la amaba, que me amaba, pero que jamás sería capaz de amar a Rach. —mi corazón se estaba partiendo en miles de pedazos. Rachel era un amor de persona, no se merecía eso.— Sabes, me encantaría que él la viera… a Rach. Es tan hermosa y divertida, cariñosa, es el vivo ejemplo de mamá. Se sentiría avergonzado de saber que no tuvo la oportunidad de criarla y yo me sentiría orgulloso, porque sé que se forjó bien sin la ayuda de un hombre como él. 

Mis ojos estaban llorosos. Oh por Dios, esto era horrible. Él estaba tan enojado, tan tenso… Supe que no era fácil confiarle algo así a una persona, menos a alguien que conocía de hace pocos días y eso me hizo preguntarme por qué me lo contó justamente a mí, sin embargo, no me importó en ese momento, lo único que quería era reconfortarlo. 

Tomé su mano, haciendo que sus ojos volaran hacia mí en sorpresa y luego se suavizaran con la mirada que siempre tenía.

—Mamá siempre decía que las cosas pasan por algo, ¿sabes? —le confesé, sonriendo un poco—. Que todo sucede por la razón de Dios o del destino o de ambos. Todo está relacionado. Tal vez que tu papá se fuera solo hizo que tú fueras el hombre tan dulce que eres hoy y que Rachel fuera la niña tan divertida y cariñosa en la que se ha convertido. 

Él suspiró, acariciando mi mano levemente, haciéndome sentir cosquillas. 

—Siempre he pensado así, pero mamá lo sigue amando y eso me mata —tragó duro—. Ella dice que volverá. Confía en ello.

—Pues debe tener mucha fe en eso.

Él asintió. 

—Mi madre es un ejemplo a seguir para mí, porque aunque yo deteste a mi papá haber hecho lo que hizo, estoy seguro de que si me hicieran lo mismo, siempre esperaría que volviese y se diese cuenta de su error. Ella me crió con su mantra. 

Le di una mirada curiosa.

—¿Sabes cuál es el mantra de mamá? 

Negué con mi cabeza, esperando a que lo dijera.

Él sonrío, volviendo a tener ese brillo en sus ojos que tanto me había acostumbrado a ver. 

—La esperanza es lo único que queda. Lo más valioso, que queda…  

 
La esperanza nunca muere.
PD: Hello, mis tenistas herrmosos :3 Solo quería decirles que... ¡YA TIENEN LA POSIBILIDAD DE SUSCRIBIRSE POR CORREO :D! Esto sirve más para las que no les llega las notificaciones de blogger, así que... si se suscriben, será más fácil :3 (el gadget está en la columna derecha, abajo de seguidores :D) 

Les mando besos y apapachos,
Mel(:

8 comentarios :

  1. Capitulo Nuevo*-* Capad ves me gusta mas esta historia Mel^^ Trey es un futuro filosofo :o (? ajjaj No puedo escribir mucho me estoy llendo D: Quieren ocapar mi locura >.< Okno.-. jajajaaj
    Me imagine el cuerpo de Trey y *o* (babaaaa) jajajja Es tan inocente liz u.u jajajaj
    Pd: No me quiero ir D:
    Pd2: Gracias por avisar lo de las suscripiciones, ya no tendre que entrar todos los dias como psicopata(?
    Pd3: Em, nose que poner xD

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    1. Slafjsldkfjsdlfg >-<! Cada vez me encariño más con vos, Cami :33 Jajajaja ^^ TREY ES EL NUEVO SHAKESPEARE! (?) Ok no ._. Mis habilidades no llegarían ni a los talones a Shakespeare xDD!!!
      D:!!! Mi Cami, la que siempre comenta mucho, no puede comentar mucho D:!!! Eso es una tragedia, qué mal u.u Pero meh, ojalá disfrutes a dónde sea que vayas :33
      JAJAJAJA! Liz es muy inocente y no se da cuenta que Trey es muy deseable (?) xD
      Teeeeeee mando besos y apapachos,
      Mel(:
      PD: No te vayas D:!
      PD2: Jajajajaja!!! Yei!! (?) No hay de qué, es mejor así :3
      PD3: Am... amamos a los unicornios multicolor (?)

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  2. Estúpido y sensual Trey ;-; me hizo llorar :c Pase de reirme con él a llorar por él D: En serio, lloré literarmente, por eso y por otras cosas que no vienen al caso ;c
    Waaa, ahora me da pena Trey también :c Por qué no pueden ser feliz?! DD:! Ok, ya empecé a dramatizar, es que... Es que... jum, me amurre >:c Me iré antes de que ponga a escribir más tonteras.
    byebye(:
    pd: el que me 'enojara' ahora no quiere decir que no quiera otro capítulo pronto ;3

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    1. JAJAJA! No tengo que ver ni siquiera el nick para saber que la que llama "estúpido y sensual" a Trey, sos vos querida xD!! O.o! ¿Lloraste ._.? Okay, juro que no era mi intención .-. O sea, yo lloré cuando escribí su parte, pero del enojo xD! (Ahí es cuando me doy cuenta que me he metido demasiado en mi propio libro xD)
      Él es feliz, ¿no lo crees ;)? Si lo piensas bien, ha sabido sobrepasar su situación, aunque claro, le sigue doliendo, no es perfecto ;3
      Jajajaja puedes poner las tonterías que desees, Debo xD
      Teeeee mando besos y apapachos,
      Mel(:
      PD: JAJAJA! Dame tiempo y te lo traigo ;3

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  3. Que preciosidad. Me los he imaginado en la enfermería muy monos.. ¿Como me haces esto? Me he imaginado a Trey sin camisa y casi tengo una hemorragia nasal jajajajaja
    Tienes un don para escribir, Mel. Me encanta cómo te expresas, me relaja leer los capítulos. Los disfruto muchísimo.

    Ains, ¡Qué bien! Así no podré perderme las actualizaciones, ¡piensas en todo Mel! Eres una genia jajajajaja

    Besos, de tu otra mitad. Te adoro pequeñaja ;)

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    1. JAJAJAJAJAJA! xD Me mataste de risa con ese comentario tuyo, Mel xDDD!!! No sé cómo lo hago... Ni siquiera lo describí al muchacho e.e ¡Mentes sexys las suyas, que se lo imaginan con los bíceps al aire! (?)
      aklsfjsldkfs *-* Aiins, no me digas eso, que me entran ganas de gritar de la alegría x3 Me alegra muchísimo que te gusten tanto y te relajen(: Después de todo, lo que busco es hacer sonreír a la gente que me lee un rato :3

      Jajajaja ^^ Gracias, aunque no fui yo la que pensó en la idea xD Fue una amiga mía que se llama Lia (es mi correctora en Ed. Frutillas... rockea *-*) y me dijo que si no pensaba poner una suscripción por correo porque tampoco le llegan las notificaciones al blogger, so... u.u Aquí estamos(: Ella es la genia jajaja ^^

      Yo también te adoro, menos pequeñaja (?) xD
      Te mando besos y apapachos,
      Mel(:

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  4. He tardado lo mio pero ya me he puesto al dia jajaja. Hace poco que te empece a seguir y he estado leyendo (a mi ritmo, claro se ve)
    Me enca ta Trey *_* y Liz (o Elisabeth, como me gusta ese nombre) me gusta lo inocente que es y lo rapido que se pone colorada (me recuerda a mi)
    Bueno espero el siguiente:-)
    Besoos!^^

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  5. ¿Y cómo es que vos no habías comentado nunca antes, adorable señorita? ^^ Ah, siempre me pone tan feliz recibir un comentario como el tuyo, sorpresivo y de lo más lindo :3
    Me alegra MUCHÍSIMO que te haya gustado la historia (o bueno, que te vaya gustando) y aun más que te tomaras tu tiempo de leerla y disfrutarla. Yo no quiero que mis seguidores se lean la historia de una sola sentada cuando llegan de "nuevos" sino que la lean a cómo puedan, disfrutándola. Si vos lo haces así, mucho mejor para ambas ;3
    Mi nombre es Melissa, por cierto, pero me puedes decir Meli o Mel(: Es un placer conocerte, mucho más con tu comentario♥
    Jajajajaja ¿sabes algo que amo? Que las chicas se enamoren de Trey, me hace sentir orgullosa x3 Me alegra que te agrade :DD Le tengo mucho cariño ^^
    Esperaré tu comentario en el otro ;3
    Teeeeeeeeeee mando besos y apapachos♥
    Mel(:

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Y recuerda, sonríe siempre :3!