23 de noviembre de 2012

Capítulo 4.


Necesito alcanzar una estrella, no muy lejana por favor, que pueda tener en mis manos, y que pueda contemplar con mis ojos. Así, como la estrella que estoy admirando en este momento.
Tú.


Trey. 



Al ir camino a la casa de Lizzie, pasamos unos segundos en silencio, nadie decía nada, pero era un silencio cómodo. De esos en los que no te sientes obligado a decir nada. 

Hasta que dije algo.

— ¿Hace cuánto estas en el Instituto, Lizzie? —le pregunté, con suma inocencia. La vi a los ojos, pero se mostraba temerosa. Sigo sin entender porque me tiene miedo.

—Toda la vida, desde jardín de niños… —me contestó, casi inaudiblemente. 

—Ya…

— ¿Tú en que colegio estabas? —me pregunta, para mi sorpresa. 

Estaba seguro de que la conversación quedaría hasta ese punto.

—Estuve en dos colegios antes de este

—Y… ¿Por qué te fuiste?

—En el primero, mi madre tenía que mudarse a este pueblo y del segundo colegio, me tuve que largar de allí, porque estaba lleno de mariguanos.

Lizzie abrió los ojos como platos.

—¿Mariguanos? Osea, hablas de…

—Drogadictos, fumadores, adictos a las drogas, inhaladores, como quieras llamarles. —le dije, no para asustarla, si no porque es la verdad. 

Se quedó callada unos instantes y prosiguió.

—Tú… ya sabes, tú… em… 

— ¿Qué si yo era uno de ellos? 

—Sí —me dijo, ruborizándose. Me reí un poco.

—No, Lizzie. No lo era, por algo me salí de ese lugar. Y si no me crees, puedes hacerme una prueba de esas raras. Estoy limpio.

Ella me miró incrédula, y mire como se avergonzaba poco a poco.

—No quería ser grosera, o sonar cotilla, enserio fue pura curiosidad, es que yo no sabía… y me dices eso… y luego, eso y… —Meneó la cabeza—Perdona.

Me eché a reír a carcajadas, sin poder contenerme. Su timidez me divierte, tanto que termina haciéndome sentir como un loco.

—No te preocupes, Liz. Solo bromeo, no te tomes todo a pecho. Tendré que darte lecciones de sarcasmo, ¿no? —le preguntó con una sonrisa. Se queda viéndome fijamente, con los ojos entrecerrados y sonríe. Luego asiente lentamente para terminar riendo un poco.

Su risa es un poco ronca, como cuando una persona no ha reído mucho y es tanto esto, que su risa se seca, quedándose sin su sabor natural.

¿Cuál será su razón para no reír?

—Vale, vale. Me enseñarás a ser sarcástica y yo te enseñare a ser más discreto.
Me quedé boquiabierto. ¿Acababa de decirme indiscreto? 

Es un buen progreso.

—Está bien, pero eso te costará mucho, como verás soy un payaso.

Sonrío una vez más y cuando iba a replicarme, volteó su mirada hacia la ventana. Habíamos llegado.

Sus ojos se tornaron tristes, decepcionados al ver que habíamos llegado y no logré identificar el por qué.

—Gracias por traerme, Trey. Nos vemos mañana —me dijo, con una sonrisa forzada.

—Adiós, Lizzie. Fue un gusto 

Cuando se iba a salir del coche, me quejé:

— ¿No te vas a despedir? 

Se volteó, aturdida.

— ¿Despedirme?

—Sí, ya sabes. Son dos besos en la mejilla. ¿Nunca lo haces? 

Parpadeó varias veces, tratando de acordarse, pero según lo que vi no lo logró.

La atraje hacía mí, y le di los dos besos en la mejilla.

—Listo, ahora puedes irte.

Estaba más sonrojada que una cereza y se bajó lentamente del coche.
No logró entender como nunca lo había hecho. 

Si no lo hace, se considera falta de educación, ¿no? O tal vez no…

Me estoy volviendo menos cuerdo cada día.

Conduzco a mi hogar, con un torrente de pensamientos dentro de mi cabeza. 

La mirada de Lizzie me atormenta. Sus ojos me presentan tanta confusión y horror, pero ternura. Algo no calza con ella, algo hace que se sienta insegura, y no logro atrapar la pieza del rompecabezas que hace falta para calzar.

¿Le doy miedo? O, ¿es algo más a su alrededor? ¿Será que tan solo, es mi imaginación?

Tal vez.

Llego rápidamente a mi casa, y aparcó mi automóvil en la cochera. 

Sacó mi mochila y entró en el porche, llenó de pequeños tulipanes lilas en jarrones, con diseños florales en ellos. Hacen un buen contraste con el atardecer de este día.

Mi madre sabe decorar bastante bien, además ama esta casa.

Al entrar, gritó lo de costumbre:

— ¡Honey, I’m home! 

Mi madre no contesta, por lo que estoy seguro de que aún no ha llegado de su trabajo en la biblioteca. Sí, mi madre es una bibliotecaria, ama los libros, y por eso en cierta parte, yo leo también.

Puede que ella no esté, pero oigo los pequeños pasos de alguien…

Mi hermana.

Cierro la puerta y aparece inmediatamente, sus pequeños rizos marrones y esos ojos miel me miran con gran diversión. Es delgada y enana, pero no enana para su edad, enana para mí.

Sonrío.

Es un engendro.

— ¡Trey! —me dice, lanzándose a mis brazos. Para tener 12 años, sigue siendo una chica cariñosa.

Mi madre siempre dice, ¡Dios, no dejes que llegue a la adolescencia!

Yo creo que llegó hace bastante, pero no se da cuenta.

— ¿Cómo has estado, engendro? —le digo, divertido.

Inmediatamente se baja de mi cuello y hace una mueca.

— ¡No me digas engendro! 

Le devuelvo la mueca y dejo mis cosas en la mesa.

— ¿Por qué no? Lo eres.

— ¡No lo soy! ¡Mentiroso! —me dice, enfurruñada.

—Sí, lo eres.

— ¡No, yo no soy del demonio!

—Y, ¿Quién dijo que eras del demonio? —le preguntó, inocentemente. 

Me encanta tomarle el pelo.

— ¿Ah no?

—No, tú eres un engendro de los ángeles, Rachel. Algo muy diferente. Te estoy diciendo un ángel. Deberías agradecerme, ¿no?

Su cara se ilumina, pero no cae del todo.

—Gracias, Trey. Pero sigues mintiendo. 

—Yo nunca miento —miento. 

Ups, hay va una mentira.

Me mira fijamente y se va hasta su cuarto, dando pequeños saltitos.

Me rió por lo bajo, es una loca en verdad.

Subo pacientemente las escaleras y llegó a mi cuarto. 

Veo la hora: 4:30. 

Inmediatamente me fijó en mi cama y decido que dormiré, tan solo un poco.

Apenas logró tumbarme en mi cómoda cama cuando llaman al timbre.

Gruño. Maldita sea.

— ¡Rach! ¡Abre por favor! —le digo contra las almohadas.

— ¡Ve tú, engendro! —me responde a gritos. Genial, mi insulto se convirtió en el suyo

— ¡Gracias por lo de ángel! —Oigo algo como un gilipollas, pero no estoy seguro.

Me levantó a regañadientes y vuelvo a bajar las escaleras, para llegar rápidamente a abrir la puerta.

Y… frunzo el seño cuando veo quien es.

Mi mejor amigo… Jason.

Lo inspeccionó, pero lo veo como siempre. Cabello negro, del típico —No me preocupa mi cabello, pero en realidad sí— y sus ojos negros como la noche. Es grande, musculoso y creo que “bien parecido”, pero no soy nadie para juzgar. Eso se lo dejo a las mujeres, es bastante alto, pero mido más o menos igual que él.

Me da unas palmadas en la espalda y sonríe.

— ¿Qué tal, terroncito? —me saluda, entrando en la casa.

—Bien y ¿tú, cariño? —le respondo, divertido.

Tenemos es manía de tratarnos como si fuéramos una pareja, pero él empezó. Por eso le digo que es gay, aunque es imposible confirmarlo debido a su gran cantidad de conquistas

—Pésimo, no te había visto en todo el día. —Volteó los ojos y él se echa a reír, subiendo las escaleras hacia mi cuarto.

Mi hermana iba saliendo de la habitación, pero en el momento que lo vio se devolvió. Tiene un extraño miedo hacía él.

Él la vio antes de que pudiese pasar desapercibida.

—¡Hey, Rach! Te ves bien —le grita para que le oiga. La escucho dar un chillido y cerrar de un portazo.

—Estúpido, es mi hermana —le digo, pegándole en la cabeza.

— ¿Y? Ambos sabemos que cuando crezca será un bombón de esos que persigue todo mundo, admítelo —Me dice, mientras entramos al cuarto.

Me quedo callado, por qué no lo puedo contradecir, como ya le había dicho a mi hermana, es como un ángel. Y no lo decía en broma, su apariencia es igual de hermosa a la de uno de ellos, pero tiene tan poca autoestima de sí misma que nunca me cree.

— ¡Hombre! Deberías cambiar este lugar, siempre es igual.

Me encojo de hombros. 

—A mí me gusta.

—Como sea, ¿Cómo te fue en el Instituto “Me creó mejor que tú, y lo soy” 

Sonrío. Jason le dice al colegio de esa forma, porque no le agradan los chicos del lugar.

—Raro. Son muy raros, créeme, sin duda se creen mejor que los demás 

— ¡Te lo dije! —me dice, apuntándome con su dedo. 

—Lo que sea, prefiero seguir allí a estar con tú grupo de fumadores.

—No le veo problema al fumar 

— ¡No le ves problema! Te diré los problemas, primero…

— ¡Oh, cállate! Estás igual que mi mamá. No me des lata.

—No te daría lata, si tú no me la dieras a mí 

—Estúpido.

—Gilipollas. 

Nos damos una mirada fría y luego nos reímos, se abalanza sobre mí y me da un codazo, jugando como unos chiquillos pequeños.

Este hombre es uno de los tantos hombres de mierda que mencione al principio.

Pero ¿qué le puedo hacer? Es el único idiota que me cae bien.



Elizabeth.



Entonces, como descubrimiento se puede decir, y plantear perfectamente que, los mosquitos orinan en nosotros antes de picarnos, para así no sentir su piquete hasta tiempo después, y no poder descubrirlos. Es más que todo, su anestesia especial para humanos.
 

Me estremezco al escribir está última parte de mi informe de ciencias. 

El profesor nos dejo está estúpida tarea de investigar sobre algo que se nos haga interesante, y aunque es para la otra semana, la realizó de una vez debido a que no tengo nada que hacer. 

Nunca me han gastado los mosquitos, me da asco tan solo pensar en donde pudieron haber estado sus patas, y ahora, para mi pesar, descubro esto. 

Los odio aún más.

Guardo todas mis cosas, y lo colocó pulcramente en mi escritorio, permitiéndome relajarme por unos segundos.

Al llegar del Instituto, mi padre no se encontraba en casa,  por lo que hoy no habrá paliza. 

O eso espero yo.

Me tumbo en mi cama y dejo que mis pensamientos analicen lo que me paso en el día.

Trey me defendió… pero ¿Por qué? ¿Le doy lástima? Y ¿Hay alguna razón para que sea tan amable? ¿Quiere humillarme de alguna forma? O… ¿Tan solo le doy muchas vueltas al asunto?

Además… ya sabe que soy pobre, ¿no? ¿Esa no es una buena razón para sacar el tema en algún momento? 

Gritó en contra de la almohada… ¡QUE COMPLICADA ES LA VIDA!

Estúpida adolescencia.

Oigo un portazo en la sala y sé que mi padre acaba de llegar.

El pánico se apodera de mí.

Tranquila, Liz. Tranquila, estás segura en tu cuarto.

Nada pasará nada, si no te llama…

—¡ELIZABETH! ¡Baja, ahora mismo! —me grita, desde abajo. Puedo detectar la borrachera y no quiero bajar, pero debo hacerlo.

A regañadientes me bajó de la cama y bajo las escaleras, que crujen bajo mis pasos.

Cuando llegó al último escalón, lo encuentro en el sillón. Esperándome como el día anterior. 

Cuando me ve, espero que me tire algún objeto, pero no lo hace.

Solo me mira, con suma tristeza.

Me acercó un poco más al sillón y espero a que hable, pero no lo hace, así que yo doy el primer paso.

—¿Qué deseas, padre? —le preguntó, con delicadeza. 

Se levanta de su sillón y me preparó para un reventón, pero no pasa nada.

Abro los ojos y veo que se abalanza sobre mí. Oigo sollozos, pero no son los míos…

Son de…

De…

¿Mi papá?

—¿Papá, pero qué…?

—¡Perdóname, Liz! ¡Yo no quiero ser borracho! Nuuuuunca he querido lastimarte… ¡Dejaré de beber! ¡Lo juro! ¡Pero, solo si me dices que me sigues amando! ¿Me amas, Liz? —Casi no le logro comprender, la borrachera no le deja hablar con elocuencia.

Quiero llorar, porque en cierta parte sé que no lo hará, no dejara la bebida. Pero puedo hacer el intento.

—Sigo amándote, papá. Lo hago —le digo, permitiéndome abrazarlo, ya que es una de las pocas veces que lo puedo hacer.

—Gracias, Liz. Te amo.

No puedo evitar llorar con él, pero no de felicidad, si no de tristeza. Por qué se que él dejó de amarme hace mucho tiempo, más del que pueda recordar.

Oigo sus sollozos y siento sus lágrimas en mi blusa, pero no lo detengo.

Hasta que siento todo su peso encima de mí y sé que se quedó dormido.

Lo dejo suavemente en el sillón y le doy un beso en la mejilla. 

Antes de irme le susurró:

—Sigo amándote, papá. Aunque tú no lo hagas.

Y sin esperar respuesta, voy hacia mi alcoba

Cuando llegó, salgo al balcón y veo las estrellas y sus maravillosas constelaciones.

Me siento encerrada, no quiero estar aquí.

Miró a mi alrededor y buscó por una manta limpia, al encontrarla vuelvo a bajar las escaleras y salgó por la puerta.

Doy la vuelta a la casa, y me dirijo al patio, donde el césped espera mi llegada. Esta hecho mierda, pero no me interesa mucho, solo me quiero sentar y disfrutar del aire de la noche.

Me acuesto y buscó un punto cómodo para ver al cielo. Pongo la manta encima de mí y me acurrucó en ella.

Admiro las estrellas, algunas separadas, otras entrelazadas por las constelaciones. Su luz, entrañable.

Siempre he pensado, que las estrellas son especiales.

Son mi salvación, en algún momento me ayudarán y por eso, les pido consejo y amor.

Por qué son como unas madres para mí. Sí, suena raro, pero es la verdad. Les habló, y sueño con ellas.

Por que las estrellas, son especiales. Yo lo sé. 

Porque de una u otra forma, soy una estrella. Una pequeña pero herida estrella.

Siento una ráfaga de viento en mi cuerpo y me despierto, atontada.

Por la luz del sol, deben ser como las 5:30 am. Justo a tiempo para ir al colegio.

Cojo mi cobija y me voy de nuevo a mi casa.

Abro la puerta y ni siquiera me fijo en la sala, donde duerme mi padre en este instante.

Subo las escaleras y salgó corriendo a mi habitación.

Guardo mi manta en mi armario, y tomó unas prendas sencillas—como siempre— y me dirijo al baño. 

Una hora después.

Ya estoy desayunada, arreglé la casa, e hice todo lo posible por estar presentable. Algo que es un poco difícil.

Con mi mochila lista, salgo de mi casa, queriendo despejar mi mente un poco antes de llegar a clases.

De un pronto a otro, pienso en Trey y lo que pasaría si me viese caminando.

Seguro me diría “¡Hey, Liz! ¡Te llevo!” con esa voz tan masculina que tiene. Y esos ojos verdes, llenos de diversión y… ¿Qué estoy diciendo?

¡No pienses, Lizzie! ¡No pienses!

Puede que hoy me quiera llevar otra vez…

O puede que ni si quiera lo intente.

Puede que, hoy ni me salude porque sabe que no valgo la pena. Puede que pase de largo y no me vuelva a hablar…

Y sí lo hace, no me importara nada, porque puedo seguir así, lo sé, estoy segura.

O tal vez no…

¡Vale, no pienses en eso! ¡Piensa en… en… ¿Gusanos?!

Puaj, que asco.

¿Qué habría dicho mi madre de esto? ¿De mi padre, de su salud, de sus estupideces? Estaría decepcionada.

Miro hacia el suelo, viendo mis gastadas zapatillas, y mis vaqueros negros que ahora resultan ser grises de lo viejos que están. La blusa, por otra parte, no está tan mal. De color verde limón, y mangas de un cuarto; realmente me gusta. Hace que no me vea muy… pobre.

Lo que en realidad soy.

Alzó la vista, para ver el cielo azul, que anoche estaba lleno de estrellas. Normalmente, me siento rara sin las estrellas. Es como si la Luna me protegiera y sus estrellas, fuesen pequeños agentes, que cuidan de no hacerme ningún daño.

A veces pienso, que mi madre es una estrella. Una pequeña agente que me vigila desde lo más alto. 

Cuando lloro en la noche ella me consuela.

Cuando pierdo algo en la oscuridad, ella lo encuentra.

Cuando me siento perdida en la noche, ella me observa.

De alguna forma, esa pequeña fantasía me da paz y calma, justo lo que necesito para otro día con este muchacho…

Trey.

Siempre tan atento, pero agradable. Hay algo en él que me atrae, pero a la vez hace que me aleje. ¿Quién me dice que no quiere hacerme algo? ¿Quién me asegura, que no ha planeado nada contra mí, por ser pobre?

¿Quién putas me podría decir que hacer?

¡Nadie! Yo misma debo hacerlo.

¡Agh! Maldita adolescencia.

Finalmente, mis pies logran llegar al Instituto, que está abriendo sus puertas. Como siempre, llego puntual lo que me alegra.

No soporto las tardías, nunca lo he hecho…

Cuando pongo un pie en el piso del colegio, siento un aire diferente y aparto mis ojos de mis zapatillas.

Todos me miran de una forma que no puedo descifrar, pero…

¿Qué es?


8 comentarios :

  1. ¡De verdad odio a blogger! No me avisa nunca ¬¬

    Bueno, dejando de lado mi frustración te comento al respecto. Sobre el anterior capítulo, ¡me pareció genial que Trey los dejara plantados! Por imbéciles, comprendo que Lizzie se comporte de esa manera, su situación solo le da más inseguridad. Con el tiempo, creo que Trey le irá transfiriendo un poco más de confianza. Él se nota bastante seguro al respecto.

    Hay que ver, lo tímida que es Liz. Me es adorable hasta para mí.

    Ha sido interesante conocer un poco más sobre la vida de Trey, su hermanita y Jason. Me gusta ese nombre, siento cierta curiosidad por Jason pero no termina de darme muy buena espina. ¿Aparecerá más?

    Por otro lado, no he podido odiar más al padre ¡~@#@&! Será cabrón ¬¬ No hay cosa que me exacerbe más que le pide que la ame cuando es así de capullo y, que, seguramente no cumpla sus promesas. Ay, Lizzie va a necesitar de mucho tiempo, apoyo y confianza para darle puerta a no ser que le dé una sobredosis. Quien sabe.

    No tengo más que decir, así que, saludines ^^

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    1. JAJAJAJA xD Si quieres puedo mandarte MP's avisándote(:

      Pues sí, ¡es lo correcto por hacer! Son unos tarados ellos -.-! Y ya veremos, Darky :3 Se supone que ese es el papel de Trey xD

      Awwwwwwwwwn :333 Que dicha que te parezca adorable ^^

      Jason aparece mucho más, créeme(: Él tiene algunos problemas, Darky, tal vez por eso no te dé buena espina, es un buen chico después de todo ;)

      JAJAJAJAJA!!! Pues sí, el padre de Lizzie es a alguien a quien realmente odio, un personaje que cree para odiar, pero conforme el tiempo tendré que ver qué puedo hacer con él. ¿SOBREDOSIS? Ojalá xDDD

      sodhfehr :3 Mil gracias por comentar, Darky, espero tus comentarios con ansias :33

      ¡Te mando besos y apapachos!
      Mel(:

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  2. ME! HOLIS! me acabo de encontrar el blog de tu historia e.e
    Me llevé tu banner por si te quieres traer el mío

    http://valeescribe.blogspot.com/p/otros-blogs-de-escritores.html

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    1. Lalalala :3 ¡VAAAL! Mil gracias ^^! Ahí veré si hago una sección como la tuya para ponerte o tal vez un lugar en la columna :D! Muchísimas gracias, querida :D
      Te mando besos y apapachos!
      Mel(:

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  3. ¡NOOOO! ¿Como me dejas con esta intriga? ¿Porque la miran? Ahhhhh... lloro..

    Odio al padre es ... (palabrotas, palabrotas everywhere) Y encima rogandole que la ame ¿Pero, como se puede ser tan hijo de p**?


    ¡Espero con ansias tu próximo capítulo!


    Besos y apapachos de tu otra mitaaaad (Yeaahhh! xDD)

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    1. JAJAJA! MEEEEL! HASTA AHORA LEO TUS COMENTARIOS! JAJAJAJA :3
      Dios, amo que te hayas leído los cuatro capítulos de sopetón x3!!

      Lalalala... ya verás, ya verás... Luego lo subo x3

      BESOS Y APAPACHOS DE TU OTRA OTRA MITAD! (Jajajaja BOB ESPONJA :3!)
      Mel(:

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  4. Me está encantando la historia! Sólo he leído el primer capítulo, cuando tenga tiempo me leo los demás, de momento te felicito por la historia, y te sigo, pásate por mi blog si quieres, un beso
    http://lachicaconojosclaros.blogspot.com.es/

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  5. Gracias Mel :) verás que no se quedará ahí, haré una entrada cada que pueda de tu blog y el de Gadry, trataré de ser el mejor padrino que pueda, por lo cierto tiene portada tu libro? por que se me ha ocurrido hacer una entrada referente a tu historia.
    Y jajajaja osea el vil latigazo!!!! yo no he leído tu historia :( jajaja soy un mal seguidor verdad? jajaja es que créeme por más no me da el time, para variar ni he acabado con las correcciones de mi texto y es una de las cosas que me planteé terminar antes que acabe el año y no he podido. Pero prometo leerte y con gusto que es lo más importante, me atrae tu historia.
    Y me imagino lo lindoq ue le has de haber escrito a la chica que te hizo el diseño, de hecho me gustaría leerlo :D
    Besos MEl :)

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