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1 de diciembre de 2012

Capítulo 5.

I gave you all the love I got.


Gave you all that I could give…


I gave you love.


--No Ordinary Love, The Civil Wars.



Trey.
 
Curiosidad, diversión, asombro… Mil cosas desagradables pasaban por los ojos de mis supuestos “compañeros” de colegio al ver lo que le iban a hacer a Lizzie.
 
Y yo estaba tan lejos que no pude hacer nada. Pasó como en cámara lenta ante mis ojos.

Allí estaba Lizzie, entrando en las puertas del colegio como cualquier día normal, su cabeza gacha, viendo hacia el suelo, concentrada en sus pensamientos. 

Después de unos segundos de haber cruzado el umbral, alzó la vista un poco y se quedó parada, en su sitio —Me imagino que curiosa por las miradas de los demás—. Hasta el momento yo no veía nada malo en la situación… Y visualice a Derek detrás de ella, con un cubo de basura en la mano.

Tragué duro y empecé a caminar en su dirección lo más rápido posible para salvarla de aquella vergüenza, pero no pude debido a que todo el mundo estaba arremolinado a su alrededor.

El maldito come mierda de Derek vertió el basurero en Lizzie, dejándola llena de desechos y porquerías que no quisiera saber lo que eran. Su novia —la cual no me acuerdo como se llama —apareció junto a él, riéndose como una puta hiena. Cuando acabo con eso, gritó a todo volumen:

—La basura al basurero —Mi sangre hervía, y mi corazón se destrozo al ver el rostro de Lizzie, asombrado y lleno de pena. Sus mejillas ardían en un rojo carmesí y las lágrimas asomaban en sus ojos, pero lo que más me sorprendió fue lo que hizo después.

Con toda la calma del mundo, recogió sus libros —los cuales había dejado caer— se limpio un poco de la mucha basura que tenía encima y con la máxima dignidad posible, se abrió paso entre la gente.

Sin decir nada.

Sin defenderse…

Solo calma y tranquilidad, aunque por las emociones que pasaban por sus ojos pude detectar, que en su interior era todo menos eso.

Quería correr hacia ella y consolarla como lo haría un verdadero amigo…

Pero si quiero ser un verdadero amigo, tengo que hacer lo que un verdadero amigo haría… Darle una paliza al marica que le hizo esto. Sin siquiera pensarlo dos segundos, me dirigí a Derek en dos zancadas, antes de que pudiese escapar.

— ¡Hey, Derek! —le grité mientras la gente se dispersaba. Bien, váyanse y no habrá testigos…

Él se volteó y una sonrisa maliciosa pasó por su rostro. Su novia le dio un último beso y se fue, dejándonos solos en el pasillo.

No sabe el mal que le acaba de hacer a su novio… Se acercó a mí y me dio una palmada en la espalda.

—Amigo, ¿Qué tal el espectáculo? ¿Lo viste? —me preguntó, con suma honestidad. Apreté el puño…

—Desde el principio… —le respondí, llegando hasta un punto de ira del cual no tenía idea.

— ¿Viste su cara? —Se empezó a carcajear— Pobre estúpida. Fue una buena forma de bajarla de ese pedestal al que se estaba subiendo.

Apreté mis dientes y creo que mis nudillos se estaban tornando blancos.

De un solo movimiento, empujé a Derek en los casilleros, clavándole el metal en la espalda y haciendo que no tuviese escapatoria. Su cara destilaba miedo.

— ¿Pero qué…?

—Escucha hijo de puta, vuelve a decirle estúpida a Elizabeth y te rompo la cara. Si quiera te atrevas a tocarla de nuevo porque te destrozo los huevos que tienes —suponiendo que tengas— y te castro de por vida. ¿Oíste bien? ¿Entendido? ¿Capiche? 

Pude sentir a Derek temblando de miedo, pero no se inmuto. Puso cara de chico malo y me dio una sonrisa asombrada.

—No sabía que ahora eres su noviecito… 

—No lo somos, nos conocemos hace poco, pero sé que es mi amiga y lo más importante de todo, una dama. Una mujer, bruto. A las mujeres se les trata con amor y cariño, pero sobretodo con respeto. Una mujer te trajo al mundo, una mujer es la que será la madre de tus hijos y una mujer, es la que te va a destrozar si sigues de esta manera, así que deja a Lizzie en paz y estaremos felices. —La campana sonó, pero ninguno de los dos se movió. Él me dio una mirada divertida.

—Claro, no son novios porque sabes perfectamente que es una rara masoquista… —Mi sangre se calentó más de lo que ya estaba y mi puño reaccionó antes de lo debido.

Le di un puñetazo en la mandíbula y sentí como se desencajo entre mi puño, para luego patearle en los huevos y darle otro puñetazo en el estómago haciendo que perdiera un poco de aire. Él gimió de dolor y yo sonreí de satisfacción.

—Te lo advertí, gilipollas. El primer golpe en la mandíbula  fue por esa bocota que tienes y hablar de lo que no tienes idea. Esa chica es más hermosa que tu propia novia, y seré el hombre más afortunado del mundo si consigo conquistarla. El segundo golpe por el que ahora te estás retorciendo fue por haberla lastimado tanto física, como emocionalmente y para que sepas lo que ella debe de haber sentido. Y el último golpe, en tu estómago… —Le di una sonrisa malvada—, ese fue por gusto propio.

Sus ojos se abrieron con asombro y trató de darme un golpe, algo a lo que falló fatalmente. Me alejé de él unos cuantos centímetros, viendo como se balanceaba de un lado a otro, aturdido.

Caminé lentamente en dirección contraria para encontrar a Lizzie, pero antes de irme le grité:

— ¡Ya sabes, Derek! ¡Cuídate de mí! —Su cara se tornó roja y supe que iba a pagar por esto…

Mmm… más vale tarde que nunca, ¿No?

Me escabullí por el pasillo y vi la hora. 7:30. 

¿Dónde estará Liz? No vi que dirección tomo, pero sé que no está en clases.

Caminé como loco, pasillo por pasillo y no encontré nada. Ni un rastro de ella.

Hasta que vi basura esparcida por todo el pasillo, dirigiéndose al baño de mujeres…
La puerta estaba medio abierta y supe que estaba allí, y cuando iba a entrar me detuve a pensarlo.

¡Maldita sea! ¡Estaba en el baño de damas! ¿Cómo voy a entrar allí? Bueno… si nadie me ve…

Volteé a ver a mis dos lados y di un paso más, pero luego recordé mi dignidad.

¿Enserio quiero entrar al baño de chicas? No…

Lo hago…. O no lo hago… Lo hago, sí. No mejor no… 

¡Ah, qué más da! ¡Entro!

Sin darme dos veces para pensar, entré en el baño y me aseguré de que no hubiese nadie además de Lizzie, solo vi una sombra pero sé que era de ella, debido a que oí sollozos.

Cerré la puerta con sumo cuidado para no ser interrumpidos y me dirigí con ella, sigilosamente.

Analicé el lugar, en busca de su frágil cuerpo y después de algunos segundos, la encontré.

Estaba sentada, hecha un ovillo en el suelo, quitándose los restos de basura del pelo. Sus ojos se encontraban rojos de tanto llorar y estaba despeinada, según lo que vi, un poco lastimada. Claro, sabrá Dios lo que contenía esa lluvia de mierda.

Algo en mi interior se movió y me entraron unas ganas incontrolables de abrazarla, de consolarla aunque ella no quisiera…

—Liz… —le dije, llamándola suavemente. Ella levantó la mirada, sorprendida y sus labios formaron una pequeña o. Le sonreí tímidamente y en sus ojos pude ver el mismo miedo que siempre tenían…

Realmente, no la culpo de ese miedo. Estoy seguro de que ya sé porque es.

Me acerqué silenciosamente a su punto de refugio, no sin antes permitirme ver el baño… Nada fuera de lo común, lavabos, espejos grandes para que ellas se maquillen, y los inodoros en pequeños compartimientos, con tan solo 2 ventanas dándole luz al lugar, las paredes eran de un gris por lo que no ayudaba mucho. Era deprimente e iba justo con la apariencia de Liz.

Me senté cuidadosamente a su lado y ella volteó su atención a mí.

—N-no deberías estar aquí, Trey —Me advirtió,  con mirada triste. Me acerqué un poco más.

—Sí debo… —Ella meneó la cabeza.

— ¿Por qué viniste? No es necesario…

—Porque somos amigos, y eso es lo que los amigos hacen ¿No? 
 
Su cara pasó de tristeza a asombro.

— ¿Amigos? Si quiera llevamos 3 días de conocernos, Trey. —La miré sin inmutarme.

— ¿Y? Digamos que estamos en proceso de ser amigos… No creo que nos cueste mucho, ¿No lo crees? Por ahora, y para no tener que decir toda la palabra, solo digamos que somos amigos. Unos simples amigos, ¿Te parece, linda? 

Su cara se tornó a un pequeño rosa y asintió levemente.

—Bien… Ahora, dime ¿Qué paso allí? ¿Cómo fue que no te diste cuenta? 

Sus ojos estaban al borde de las lágrimas.

—E-en realidad no lo sé. Y-yo solo entre al Instituto, c-como todos los días, y d-de pronto vi los ojos de todos, y después, s-sentí cosas ho-horribles encima de mí… Juro que algo se movió allí… —Se estremeció. Dio una vuelta para verme a los ojos— Yo no entiendo que les hice, no entiendo qué es el mal que les he hecho… Yo solo… —No pudo continuar, su voz se quebró y de sus ojos las lágrimas brotaron. Empezó a sollozar un poco, para luego tornarse muchísimo más alto.

Sentí un nudo en mi garganta y acorté los pocos centímetros que había entre nosotros, le pasé un brazo por el hombro y la atraje hacia mi pecho, haciendo que llorará en mí, ella vaciló, pero no se resistió y siguió con su tristeza, derramando lágrimas amargas sin parar.

—Shh Liz, todo estará bien… No te harán nada más, lo prometo… —Y mi promesa iba enserio, si alguien se atrevía a tocarla otra vez lo mataría con mis propias manos.

Ya fuese si quiera una chica…

Está bien, no puedo exagerar, pero sí le diría algo.

Para mí sorpresa, pasó sus brazos por mi cintura, abrazándome mientras lloraba, acurrucando su cara entre mi pecho y creo que hasta aspiró mi aroma.

Dios se sentía tan bien.

La abracé fuertemente y le di un beso en la coronilla; lloró un poco más fuerte.

—Tranquila, Liz. Todo va a estar bien… Shh… Shh… Son unos estúpidos, eso es todo. Hay algo que se llama karma, y créeme el karma vendrá por ellos… —Ella dio una pequeña risita, yo sonreí… —Te lo prometo Liz, todo va a ir bien… Todo.

Y ella no sabía cuánta razón tenía…


Elizabeth. 

Mis sollozos llenaban todo el baño y estoy segura de que estoy dejando empapada la camisa de Trey, pero por primera vez, no me importa. Huele a menta, muchísima menta y me encanta. Que me consuele realmente es una sorpresa, y debo confesar que sigo pensando en que algo pasará, algo malo… Pero por el momento, lo dejaré pasar.
 
Alcé los ojos para verle mejor y logré visualizar una parte de su mano
derecha... Tenía los nudillos en carne viva, rojos como el carmesí. Tomé una bocanada de aire asustada. ¿Qué le había pasado? Toque sus nudillos, permitiéndome una intimidad que de seguro no teníamos, y abrí los ojos.

¿Eso había sido por un golpe?

—¿Qué te paso? —le pregunté, preocupada. Él me miró extrañado y bajó su mirada hasta encontrar lo que yo veía. Abrió los ojos con curiosidad, pero ni siquiera se sorprendió al enterarse. ¿Qué había hecho?

—Um...—Me dio una mirada temerosa, como si no me quisiera decir.

—Vamos, dime.

—Yo...—Observo mis ojos durante un segundo y prosiguió—SI te digo, prométeme que no te enojaras conmigo.

Lo analicé precavidamente y dudé.

—¿Enojarme, por qué?

Suspiro resignado.

—Después de que te fueras del pasillo por lo que te hicieron, me enojé tanto que busqué a Derek y le di su merecido... —Se encogió de hombros—No fue gran cosa, es un marica y casi se caga en medio lugar, pero por lo menos me dio satisfacción.

Mi boca casi cae al suelo. ¿Le había pegado a alguien? ¿Por mí?

Me está dando taquicardia…

Respira…

1…2…3…

—Liz, ¿Estás bien? —me preguntó preocupado. Empecé a asentir, y luego meneé la cabeza, dándome cuenta de que no estaba bien…

—Vamos, Liz. No me preocupes… —Me dio una pequeña palmada en el hombro, pero no funcionó. Respira… Vamos, tú puedes Liz.

—Liz,  ¡Dios! Mejor vamos a la enfermería… —Se acomodó de una forma extraña y me tomó de la cintura… El único toque de él hizo que mi piel ardiera y comencé a respirar…

Mis mejillas comenzaron a arder por su agarre y sin embargo, respiraba normalmente... Am...

Eso fue raro…

—Ya…ya estoy mejor —jadeé, tratando de recobrar el aire. Él sonrío y se volvió a acomodar frente a mí. Su mano seguía en mi cintura… Creo que mis mejillas están al rojo vivo.

Volteé a verlo, recordando lo que me acababa de decir y fruncí el ceño.

—Te dije que no te enojarás…

—No estoy enojada… —Él alzó las cejas, en forma de pregunta.

—Entonces, ¿Por qué esa cara?

—Porque no entiendo…

—¿No entiendes qué? —Ahora él frunció el ceño.

—No entiendo porque le pegaste, ¿F-fue por mí? —pregunté cautelosamente… Él sonrío y levantó una ceja.

—¿Tú qué crees?

No entiendo porque… ¿Para qué lo hizo? No había necesidad de ello, no es la gran cosa… Debería estar acostumbrada.

—Pero, ¿Por qué? ¿Para qué hacerlo? —Todas sus facciones se abrieron en una o y parecía que iba a explotar… ¿Ahora qué hice?

—¿Por qué? ¿Cómo que por qué? ¡Lizzie! ¡Te tiraron un cubo de basura en frente de todos! Nadie puede hacerte nada, ¿Me entiendes? Eres una chica, eres una dama. Alguien que merece respeto, cuidado y cariño, y por sobretodo porque me considero tu amigo aunque tú no lo hagas, y no permitiré que te lastimen, nunca jamás. ¿Entendido?—Me acercó más a él, abrazándome cariñosamente y sentí que
mi corazón se derretía—Eres más valiosa que muchas cosas, Liz. No puedes dejar que te traten así. Sí tú no lo haces, yo lo haré…

Sus palabras me llegaron al corazón; se preocupaba por mí. Quería que estuviese bien, me trataba como una verdadera amiga.

Porque yo soy su amiga… Su verdadera amiga. ¿Era posible? ¿Con tan solo 3 días de conocernos? ¿Cómo? ¿Cuándo? Yo... no debería... No... Sí... pero en realidad sí. No importaba, él lo quería y debo confesar que yo también. Solo que, en el fondo sigo con miedo, miedo de que este chico, este hombre, me vaya a dañar igual que mi padre…

Según dicen, hay un dicho que llama “Hay que arriesgar para ganar”. Creo que yo podría arriesgar, pero perder en el intento… Pero me arriesgare, porque sé que por una vez en la vida quiero hacer algo por mí. Algo egoísta, aunque sea incorrecto.

Tomando mis impulsos, me acurruqué más contra su abrazo y sonreí.

—Trey…Sé que eres mi amigo. Gracias. —Dejó de abrazarme para verme a los ojos y sonrío.

—De nada, Liz.

Pasaron unos segundos así, en silencio, el silencio puro de los lavabos. Nadie hablaba, pero no era un silencio incómodo, era un silencio con el que podía vivir.

Hasta que trataron de abrir la cerradura del baño.

Tocaron fuertemente la puerta, desesperadamente, en otras palabras.

—¡¿Quién está ahí?! —Dijo una voz femenina.—¡Abran, maldita sea! ¡Me estoy cagando en los pantalones!

Empecé a reírme silenciosamente de lo que acababa de decir la chica.

—¡Mierda! —dijo Trey, levantándose rápidamente y tendiéndome una mano. —Hay que salir de aquí.

—Pero la chica va a verte —le advertí, mientras tomaba su mano

—Me importa poco, vamos

Abrió la puerta unos segundos después, y una chica que no había visto en mi vida apareció detrás de ella.

Cuando vio a Trey abrió los ojos por verlo a él allí, y se avergonzó al instante, creo que por lo que dijo hace algunos segundos, y cuando iba a decir algo me vio a mí. Levanto las cejas como insinuando algo pero no entendí qué…

—No quise interrumpir… —La miré extrañada. ¿Interrumpir qué?

—No hay cuidado, ya terminamos ¿No es así, Liz? —Asentí con la cabeza, segura de que me hablaba de la charla que me acababa de dar.

La chica pasó miradas del uno al otro y se movió impacientemente. Pronto recordé que tenía que ir al baño.

—Bueno, si me disculpan tengo que ir al baño. Es una urgencia… —Salió corriendo hacia los inodoros y cerró la puerta tras de nosotros. Estoy segura de que oí un “Ah…” de alivio.

—Pobre chica, realmente se estaba haciendo pis en los pantalones… —le dije a Trey, preocupada por ella. Trey me volteó a ver con esos ojazos verdes que tiene y empezó a carcajearse, una y otra vez.

—¿Qué? ¿Por qué te ríes?

—P-p-pis…—Se rió cada vez más fuerte.

—¿Qué tiene de malo? —Fruncí el ceño. ¿De qué se reía?

No podía hablar de la risa que se tenía, así que dejé que se calmara, tomó unos minutos para ello y al final, se paró, tomó un respiro y me observo con una sonrisa pícara.

—Me rió porque en lugar de decir “Se cago en los pantalones” O “Se hizo mierda en sus calzones” dijiste, “Se hizo pis…” —Levanté una ceja, aún no entendiendo la gracia.

—¿Qué tiene? Es algo normal… No me gusta ser maleducada… —dije tímidamente, realmente me cohibía decir cosas malas. Solo me recordaban a mi padre.

—Oh vamos, Liz. Una mala palabra no te hará daño, ¿Sí? Cuando estés conmigo puedes decirla, no te acusaré con tu mami… —La palabra mami me detuvo.

—Ojalá pudieses hacerlo…

Su mirada se volvió oscura, tratando de pensar en lo que acababa de oír.

Para acabar con su duda le expliqué.

—Mi madre murió en un accidente de carro cuando yo tenía 5 años. Mi padre quedó viudo y yo vivo con él… —Pude sentir que me miraba con pena, pero ni siquiera volteé a verlo, no quiero la pena de los demás, ni su lástima. Solo soy yo y punto.

—Lo siento mucho, Liz… —Me dijo, mientras me acariciaba la mano con el pulgar… La caricia me sorprendió, ¿Cuándo me había tomado de la mano?

—No es nada… —Hice un ademán con la cabeza— ¿Vamos?

Asintió levemente y nos dirigimos hacia la clase de Matemáticas.

—Umm… ¿A qué clase vas? —me preguntó, curioso.

—Perdí historia, ahora vamos a matemáticas…

Murmuró algo que sonó como un insulto, pero no pude oír bien.

—Realmente las odias, ¿no?

—Sí, no entiendo nada. Son como números chinos, mezclados con letras griegas y para rematar, francés incluido… —Sonreí ante su concepto y miré al suelo.

—Debes de dejar de decir eso, si sigues así te costará más…

—Lo que sea. Me ayudarás, ¿No? —Asentí.

—Y tú a mí, ¿verdad?

—No lo dudes, de otra forma ¿Cómo te pagaría? —Levanté la cabeza y le sonreí un poco. Él me hizo una mueca y me eché a reír.

—Estás realmente loco, Trey

—Sí…Pronto tú serás igual —Me guiño un ojo y meneé la cabeza.

—Te costará un poco, Trey. Soy demasiado tímida y reservada como para decir malas palabras, y ser tan divertiao como tú. No creo que sea tan fácil.

—Hey, ¿Quién dijo que sería fácil? —Me encogí de hombros.

—Nadie…

—¿Entonces? —La campana sonó para cambio de clase y estábamos a unos cuantos centímetros de la clase.

—Supongo que tal vez puedas… —Dio una pequeña risa y llegamos a la clase antes que los demás.

Saludamos a nuestra profesora de matemáticas y me senté en mi lugar de siempre, en el rincón de la izquierda, el más apartado.

Trey me miró con una pregunta en sus ojos.

—¿Qué pasa? —le pregunté.

—¿Siempre te sientas ahí? —Me respondió, divertido.

—Um…sí.

—Profesora, no creo que Lizzie ponga mucha atención haya atrás, ¿No quiere cambiarla de lugar por… No lo sé… La rubia esa? —La profesora rió.

—¿Lizzie? Pero si ella se saca las mejores notas de la clase. —dijo la
profesora, sonriendo.

—Mmm… ¿Puedo sentarme atrás? Tengo problemas en matemáticas y Lizzie me ayudaría perfectamente, ¿No es así, Liz? —Lo miré aturdida, y asentí imperceptiblemente.

—Deberías estar adelante si te cuestan… —Trey le dio una cara de perrito…—Oh está bien, siéntate atrás.

Oí que dijo como un ¡Bien! Pero no estoy segura.

Pasó sus cosas a la fila de al lado y me dirigió una mirada pícara.

—No me iba a sentar cerca de esos niñitos de plata. Dan asco.

Meneé la cabeza, como en un regaño, pero no pude evitar sonreír.

Trey me sacaba demasiadas sonrisas.

Tal vez fuese cierto que me puede hacer un poco loca… O tal vez ya lo estoy.

Datos personales

Mi foto
Soy una chica que escribe de amor, pero nunca se ha enamorado. Esa chica que relatará sobre el dolor y tal vez no ha llegado ni a conocerlo realmente. Soy la joven que seguramente te dirá todo sobre cómo tener buena autoestima, pero le cuesta aplicarlo a sí misma. Una muchacha que contará historias que ni en su vida le han sucedido, pero, ¿sabes qué? Eso está bien, porque soy una chica que escribe y que si sabe describir todas esas cosas sin haberlas experimentado, cuando lo haga, será algo que simplemente te dejará espantado. Soy la chica de 16 años que puede ser tu vecina. Soy esa que lee y escucha música en una cafetería. Soy la chica que seguramente lees, pero nunca escuchas. Tu compañera de clase que escribe cuando puede y la única que te observa por pura curiosidad, no por criticar. Sí, soy la chica. Esa chica.

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